TENGO UN CANDOMBE PARA RUBEN
Creció en el barrio sur de Montevideo en la calle de Cuaremin. Allí aprendió la cadencia de los murgueros y los pasos enrevesados del tango y las milongas. Según su propia confesión cursó hasta cuarto grado y estuvo en diez escuelas. Como buen uruguayo quería ser futbolista, pero la tuberculosis que lo acosó a sus tempranos dos años, se lo impidió, entonces las emprendió con repiques, cajas y tamboriles convirtiéndose en un símbolo de la cultura uruguaya.
No sabía inglés, pero era capaz de interpretar a “Satchmo”, Frank sinatra y Nat king Cole a la perfección. La vocalización la había aprendido de oído. Donde podía se despachaba una versión de “Only you” de “The Platters”, que te hacía explotar la cabeza y te enviaba a 1955 en un viaje sin retorno a la nostalgia.
Dueño de un humor inteligente, podía contar miles de anécdotas; su ya clásico encuentro con Bob Marley, el abrazo con “Miguelito” (Mike Jagger) y otras paparruchas que apelaban a la imaginación del oyente. Sostenía que Messi era uruguayo, pero que había nacido en Rosario. Cuando alguien lo tomaba a la broma y lo comenzaba a balancear en el mismo columpio. Respondía muy serio y con cierto dejo de asombro:
– ¡Me estás dejando blanco. Eh!
Montó un tremendo espectáculo que presentaron en Buenos Aires: Tango, milonga y candombe. Donde se mezclaba música, danza, teatro e historia. Un homenaje a la negritud americana, la negada historia de la presencia negra en latinoamerica, que influenció tanto en la creación de estos ritmos. La música Rioplatense en su máxima expresión.
Tocaba con el trio “Amnesia” por que constantemente olvidaban sus acordes, así nos decía el negro Rada, en esos gajes tan típicos de humor perspicaz, que lo caracterizaban. Lo cierto es que este sorprendente músico uruguayo supo fusionar tango, boleros, candombes y otros ritmos latinoamericanos, sumaba a esta combinación una buena dosis de jazz y rock, generando una identidad rítmica única e irrepetible.
Su hija Julieta Rada, música y cantante de oficio, manifestó en una conmovedora despedida que “siempre creyó que su padre era inmortal”. Nosotros pensamos lo mismo, que ese gigante del tango, las milongas y el candombe era un ser imperecedero.
Una enorme multitud fue a rendir sus respetos y se despidió de Rada cantando, porque saben que su presencia seguirá en el corazón del pueblo, que su música generó una identidad nacional y latinoamericana. Sabes que vale la pena estar vivo, cuando escuchas la música del Negro Rada.
Parodiando su famoso “Candombe para Gardel”, hemos pergeñado estas líneas al ritmo del tamboril: “Quién va a cantar, quién va a soñar, quién va a tocar la melodía del amor”.
DIAZ-BUSTAMANTE
Puerto Natales, septiembre 2026.