Y RODAR…Y RODAR…
Según cuentan los mas avisados, fue un ciudadano alemán, el barón Karl Christian Luwdig Drais von Sauerbronn, quien inventó el primer vehículo a dos ruedas. Al curioso artefacto le llamaban la máquina andante (laufmaschine). Sus usuarios montaban sus posaderas en el centro del aparato y con movimientos alternativos de ambos pies, sobre ese poderoso eje al que llamamos tierra, podían desplazarse a la velocidad de un carruaje, lo que no era menor en 1817. De todas maneras sus usuarios sostenían un fugaz contacto con el globo terrestre.
El pedal y la cadena de arrastre vendrían después, fabricada por James Slater en 1864. Este pequeño proceso significó que la humanidad alcanzara cotas inimaginables; ya no se estaba en contacto con la madre tierra y los pies podían trasladarse a lugares inimaginados. De alguna manera el hombre montado en una bicicleta se convertía en dios. Recordemos a Mercurio, el de la mitología romana, que se representaba con los pies alados, Hermes, creo que le llamaban los griegos. Esta figura retórica nos indica cuan cercanos estamos a ese mundo de la levitación y la fantasía.
Los que hemos sido niños en este accidentado proceso al que llamamos vida, no nos parece extraño que este juego de la imaginación sea circular, como el movimiento del pedal, como la catalina que gira y va, volviendo eternamente al punto de partida, a ese giro inicial, y que al mismo tiempo nos traslada a destinos insospechados.
Quién no ha sentido los aires de libertad montado sobre este vehículo, de vértigo incierto, de precariedad absoluta. De permanente desafío al equilibrio y al raciocinio.
La bicicleta es un portento del ingenio humano, espacio donde se reúne la geometría, las ciencias de la ingeniería y la poética.Ecuación difícil de entender en estos onerosos tiempos.
En esta fugaz historia cletera, se sabe que fue Thomas Stevens, el primer ciclista en dar la vuelta al mundo en 1884. Inició su viaje en San Francisco y tres años después completó la circunferencia del planeta. Se le reconoce como pionero del cicloturismo.
El historiador argentino Jorge Díaz Bustamante, sostiene que la primera bicicleta que circuló en Puerto Natales pertenecía a un señor Francisco Mansilla Cárdenas, corría el año 1916 y podemos imaginar la expectación de los transeúntes a ver el curioso vehículo circular por sus calles.
En Magallanes, se cuenta que la “Bozinovic” era una loquilla, se fugaba de la casa paterna los domingos por las mañanas. En esa furia pedalera se coronó campeona de ciclismo en los años 66, 67 y 68, en Punta Arenas. La Miriam era, como todas las Miriams que conocemos, una mujer formidable. Sus padres, se enteraban de estas insospechadas faenas a través de la prensa magallánica.
El ciudadano español Juan Sin Miedo (Juan Menéndez Granados), consiguió ser la primera persona en llegar al Polo Sur en bicicleta en el año 2014, tardó 46 dias en cubrir 1.200 kms por la superficie de la Antártida. Proeza efectuada en solitario y en total autonomía.
La bicicleta ha desbordado los caminos y la imaginación popular, así llegó a la música, recordamos el fabuloso tema de Ives Montand “La bicyclette”, la canción “El Niagara en bicicleta” de Juan Luis Guerra, el sentido homenaje a Pocho Lepratti en “El angel de la bicicleta” de León Gieco y la festiva interpretación de “La bicicleta” de Shakira y Carlos Vives. En los espacios rockeros está “Bicycle Race” de Queen, “Bicycle song” de Red Hot Chili Peppers.
En la pantalla gigante se estrenó en 1948 una dramática pelicula italiana, “Ladri di biciclette” (Ladrones de bicicletas), dirigida por Vittorio de Sica , que hoy día es un clásico del cine arte. “El escocés volador” (The flying scotsman) basada en hechos reales, trae la vida de Graeme Obree, el ciclista británico que batió dos veces el record de la hora mundial, llegando a diseñar su propia bicicleta. “Premium Rush” es una película vertiginosa y llena de acción. El intrépido ciclista cruzará las calles de Manhattan perseguido por un policía corrupto, el protagonista se atreve a todo tipo de malabares y cosas imposibles.
“Iba/ por el camino/ crepitante:/ el sol se desgranaba/ como maíz ardiendo/ y era la tierra/ calurosa/ un infinito círculo/ con cielo arriba/ azul, deshabitado./ pasaron/ junto a mí/ Las bicicletas”. así nos dice Pablo Neruda en su “Oda a la bicicleta” en torno a este atractivo medio de transporte, de recreo y competición.
En la red es posible acceder a una antología de 20 autores “cuentos de ciclismo” que describe los afanes, historias y anécdotas de quienes nos apasionamos por este vehículo. En Chile, Antonio Skarmeta, publicó el cuento “El ciclista de San Cristóbal” es un conmovedor relato de un joven deportista que se prepara para una competición, mientras su madre está gravemente enferma. Años más tarde publicará “El cartero de Neruda” que relata la profunda relación de amistad que traba el poeta con el humilde cartero que se desplaza en bicicleta, para acercar la numerosa correspondencia que recibía a diario.
En esto de rodar y rodar por las calles y caminos, la bicicleta se ha tornado en un verdadero símbolo de libertad y rebeldía. Los pedaleros de diferentes partes del mundo se han unido para manifestarse y demostrar que montar una bicicleta no sólo es entretención, sino también se desarrolla como política en movimiento:”La reflexión sobre energía humana y el poder ciudadano tiene que estar conectada con el territorio con el espacio que se habita”.
La bicicleta nos hace preguntarnos: ¿Cómo se diseña una ciudad?. ¿Como la usamos con eficiencia?. ¿Cómo creamos una mejor convivencia, entre los vehículos en desplazamiento y los peatones?. ¿Cómo respetar debidamente los espacios de los transeúntes?.
Aquí un bonito desafío para ediles y concejales, para representantes comunales: súbanse a una bicicleta, giren por la ciudad con los pies rolando en esa ingravidez, impulsados por su dinamismo natural, les aseguro que instantáneamente su visión sera otra: Podrán entender la ciudad, conocer a sus habitantes y valorar los principios éticos de la convivencia humana.
DIAZ-BUSTAMANTE
Puerto Natales, septiembre 2026.