• 22 de septiembre de 2026

Fernando Ferrer: a 30 años de una ausencia que sigue siendo presencia

 Fernando Ferrer: a 30 años de una ausencia que sigue siendo presencia
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Los Ferrer de Puerto Natales fueron, y siguen siendo, personajes notables de nuestra historia regional. Conocí desde muy niño a Alejandro, gran amigo y compañero de mi padre. En mi condición de hijo único, andaba con mi viejo para todas partes, por lo que compartí más de alguna reunión junto a ellos. Creo que hasta fumé pasivamente en cuanta junta hubiera; en aquellos años era normal fumar delante de los niños y en espacios cerrados.

Hasta hace poco conservaba una caricatura que Alejandro hizo de mi padre en su faceta de árbitro de básquetbol. También fue él quien me regaló un libro de Papelucho, quizás uno de los primeros que leí y que marcó mi infancia.

Pero hoy es un día especial para recordar al otro Ferrer: Fernando.

A Fernando lo conocí y admiré ya de adulto. Hoy se conmemoran treinta años desde que nos dejó terrenalmente. ¡Qué gran personaje fue! Pareciera incluso que escogió la fecha de su partida, pues coincide con la conmemoración de la toma de posesión del Estrecho de Magallanes, un hecho que simboliza como pocos la identidad de esta tierra que él amó profundamente.

Nacido en España, será difícil encontrar a alguien más magallánico que Fernando Ferrer. Actor teatral, periodista, escritor y comunicador en el sentido más amplio de la palabra. Pero, además, era un conversador apasionado y apasionante. Durante años, su programa matinal en Radio Polar fue uno de los de mayor sintonía en la región. A pesar de las restricciones impuestas por la dictadura, siempre encontraba la manera de poner el acento en los acontecimientos que estaban ocurriendo en el país, iluminando con reflexión y valentía aquellos años oscuros.

Fernando nos legó, junto a Miguel Palma y el Taller Alturas, dos obras musicales de enorme trascendencia para la identidad regional: El Canto a Magallanes y El Pionero. La primera está próxima a cumplir cincuenta años y tuvo que abrirse paso entre las barreras de la censura imperante en 1976. Como alguna vez me comentó uno de sus creadores, cinco barbones vestidos de negro, los integrantes de Alturas, junto a un exonerado del Banco del Estado, Fernando Ferrer, se las ingeniaron para dar vida a esta obra.

Y lo lograron con creces.

No hay magallánico de cepa que no se emocione y sienta cómo se le ensancha el corazón al escuchar sus canciones y su extraordinario relato. Y qué decir de aquella maravillosa oración que, pese al paso de los años y a haberla escuchado incontables veces, sigue conservando una fuerza majestuosa, especialmente cuando resuena en la voz inconfundible de Fernando.

Ya he mencionado sus apasionadas conversaciones. Conversaciones que podían comenzar en un café y continuar en la bohemia noche magallánica, lugares donde siempre era posible encontrarlo. Tuve la fortuna de trabajar durante la década de los noventa en un conocido bar frecuentado por destacados exponentes de la cultura y la política regional. Los fines de semana, el anfitrión era otro gran amigo y músico, Mario Grandi, quien, dicho sea de paso, merece un reconocimiento aún mayor por su enorme aporte a la cultura de Magallanes.

Y vuelvo al punto.

En esa etapa tuve el privilegio de ver de cerca la presencia inconfundible de Fernando. Escuché sus historias, sus relatos sobre la historia regional y nacional, y disfruté de sus opiniones agudas, lúcidas y a menudo punzantes. Para mí fue una experiencia inolvidable. Son esos regalos que la vida entrega y que jamás deberían perderse en la memoria.

Porque, al menos para mí, pocas cosas son más valiosas que sentarse a conversar con una persona poseedora de una riqueza cultural extraordinaria, de esas que convierten cada encuentro en una lección de vida.

Lo último que recuerdo de Fernando fue el regalo de uno de sus últimos trabajos, dedicado con su firma y acompañado de un abrazo: El Conjuro. Un texto que deberían leer todos quienes aspiramos a construir una sociedad más humana, más justa y mejor.

Hoy, a treinta años de su partida, Fernando Ferrer sigue conversando con nosotros a través de sus palabras, de su pensamiento y de su legado. Porque hay personas que nunca se van del todo; permanecen en la memoria colectiva de los pueblos y en el corazón de quienes tuvieron la fortuna de conocerlas.

Y quizás nadie podría despedir mejor estas líneas que él mismo: “Conjuraremos nuestros males. Pronto el sol volverá a brillar. Son nuestros hijos la promesa de que ese tiempo llegará. Unámonos en el conjuro. Fuerza, unidad y libertad.” Fernando Ferrer Fernández.

Por: Jaime Bustamante H.

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