• 4 de febrero de 2023

Al final del mundo

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Apareció una tarde cualquiera en casa, venía arrastrando su bicicleta, preguntó por mi hijo. Se presentó como músico y artesano. Me dijo que formarían un grupo de rock que mezclaría ritmos viejos y nuevos, parte de la nueva canción chilena. Habló de los Inti illimani, Quilapayún, de Illapu, Patricio Manns y de Víctor Jara. Que los jóvenes necesitaban conocerlos, para integrar una nueva forma de hacer música, que uniera las raíces folklóricas y el rock. 

  • ¡Señor Díaz, hay que apoyar a los chiquillos!, dijo enérgicamente.

En los siguientes seis meses estuvo entrando y saliendo de casa, siempre con una tremenda y urgente energía, dedicada a desarrollar esa pasión por la música que trataba de inocularle a estos jóvenes, que antes de conocerle, se dedicaban alegremente a aporrear la batería y a destrozar las guitarras en un desenfrenado Punk-rock, que más que hacer música, los liberaba de sus frustraciones.

Terminadas sus largas jornadas de ensayo, decidieron llamarse “Indivisibles”, realizaron cinco o seis presentaciones en diversos escenarios en Puerto Natales, algunas con éxito y otras que fueron para el olvido, por fallas técnicas o por que simplemente las cosas no se dieron. Después de cada actuación venían el análisis y la autocrítica, qué a mi juicio, era muy dura entre ellos, pero nos podíamos dar cuenta que el grupo estaba en franco crecimiento.

Cada tanto se acercaba y preguntaba muy seriamente:

  • Señor Díaz, qué opina sobre este nuevo tema que estamos sacando. ¿Usted cree que estamos sonando bien?.

Para el estallido social de octubre de 2019, los jóvenes ocuparon la plaza de armas de Puerto Natales produciéndose un fenómeno sin precedentes en nuestra ciudad. La autoconvocatoria libre y espontánea, hizo que en ese lugar se reunieran en forma aleatoria músicos de rap, folklore, pop, cumbia, solistas, punk rock. Como también pintores, grupos de danza y baile, diferentes actividades culturales que marcaron en forma definitiva esas jornadas.

Miguel Angel, se sumó a estas tareas sin ningún reparo. Iba y venía en su bicicleta, se subía al escenario, verificaba que la instalación de los equipos de música fuera la correcta. Se alejaba del lugar y se instalaba en distintos puntos de la plaza para dar cuenta de la calidad de sonido. Cada vez que se presentó en el escenario, cantó “Sobreviviendo” de Víctor Heredia.

Un día, cuando el viento reinante amenazaba con arrancar los parlantes de su lugar, se alejó raudamente en su bicicleta, volvió con unos cordeles, aseguró y amarró los parlantes para que permanecieran en su sitio, de manera que los muchachos terminaron actuando en un improvisado ring de box. Al último parlante lo encadenó a un pilar y lo selló con un candado. Al término de la jornada al momento de deshacer el escenario nos encontramos con esa sorpresa, se le llamó, dijo que estaba muy ocupado y que no tenía tiempo para atendernos. Tuvimos que desarmar la base del parlante y dejar la cadena y el candado atado al pilar. A los cinco minutos llama, estaba muy enojado.

En otra ocasión, cuando había un gran marco de público presenciando las actividades que se desarrollaban en la plaza, una chiquita de aproximadamente tres años. Levantó su puño y comenzó a gritar:

  • El pueblo unido, jamás será vencido.

Inmediatamente Miguel invitó, a la madre y la niña al improvisado escenario. Se produjo así una escena muy emotiva para todos. El público presente comenzó a corear durante varios minutos junto a la niñita:

  • El pueblo unido jamás, será vencido. El pueblo unido, jamás será vencido.

El viejo era así, loco, anarquista polémico, un irreverente, o un genio, que no dejaba a nadie indiferente. No se podía tener medias tintas con él, lo aceptabas como era o simplemente lo rechazabas.

Generoso con un corazón más grande que una casa, dedicaba parte de su actividad diaria a alimentar a personas en situación de calle. Amaba la música y a sus amigos. A la guitarra y a su bicicleta, subía y bajaba las calles de Puerto Natales cantando a voz en cuello.

Su luz se apagó en octubre, digo bien, su luz, a pocos días de esta alegría que nos dio el pueblo chileno. No tengo dudas que Miguel Angel González Faundez, estaba junto a nosotros cuando subimos al escenario de la plaza a festejar el triunfo mayoritario de los ciudadanos de esta patria.

Mangel al final del mundo.

JORGE DIAZ BUSTAMANTE

PUERTO NATALES, OCTUBRE 2020

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