• 14 de junio de 2024

EN MEDIO DE LA NADA

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Veredas estrechas, calles empedradas. Un acueducto romano de dos mil años de antigüedad, que como emblema de esta población divide la ciudad y sirve de marco de referencia para ubicarse en esos intrincados callejones que parecen conducir a ninguna parte. Una iglesia del siglo doce con su pila bautismal y el ojo observante en un fresco religioso de su nave oval.

Un castillo imponente se ofrece a nuestra vista, el gran foso de defensa nos habla de batallas, de jornadas guerreras de otro tiempo. Las tiendas de artesanías en los pasillos de esas callejuelas interminables nos hablan de caballeros templarios de armaduras, de cruces, de espadas y de armas forjadas en tierras toledanas.

El fino filo de la hoja de Toledo; espadas y navajas, forjadas en la templanza del acero y del brazo de mágicos artesanos, que forjarán la belleza de un instrumento que se destina y significa la muerte. La humanidad en su historia recorre ese camino. La belleza muchas veces contribuye a la destrucción.

Todo aquí resuma historia, tienes el encanto de asomarte en la vereda incorrecta que te enfrentas al convento de las Carmelitas Descalzas. Una puerta milenaria que te abre tiempos de privaciones, de profunda soledad y meditación, en ese camino espiritual. La religiosidad abruma, está presente a cada instante. Ojo, pero también está la espada.

La enorme contradicción humana; la creación o la destrucción. En cada una de nuestras acciones está presente esta dicotomía, que nos puede llevar a ser más humanos, o tal vez de menor grado. Usted elige.

“Estamos en medio de la nada” es la frase que oímos de un turista al llegar a la moderna estación AVE que se encuentra a 18 minutos de Segovia, la ciudad que visitamos por recomendación de un buen amigo. Sus palabras resuman desolación y decepción.

El buen Antonio Machado vivió en ese lugar y dispone de un museo de sitio, es el autor de estos versos que hoy día son universales “Caminante no hay camino se hace camino al andar”. Probablemente hablándonos e indicando que la humanidad solo tiene la oportunidad de marchar, de buscar nuevos horizontes de construir su propia vida y sus esperanzas. Que mejor que eso, permitirnos tal vez la única oportunidad de ser libres y es uno de nuestros actos primarios; caminar.

En cuanto a ese prodigioso pórtico de rocas, alineadas con matemática perfección, el escritor y filósofo español Miguel de Unamuno escribió, tal vez con el mismo asombro que sentimos nosotros frente a este milagro arquitectónico : “Esas piedras, amontonadas , tácticamente sin argamasa alguna, achanflinadas por aguas y soles y vientos de siglos” . A su vez, el poeta y escritor chileno Alberto Baeza Flores dejó para siempre estas reflexiones “El tiempo es como el aire que cruza siglos y años. Aquí en el acueducto la piedra es el milagro”.

Antiguas leyendas relatan que el milenario acueducto fue construido por el mismísimo diablo. Una aguadora agobiada por el cansancio de trasladar su cántaro por las subidas y bajadas de la ciudad pactó con el cola de flecha, que mañosamente ofreció construir ese acueducto a cambio de su alma.

En una de sus principales calles se encuentra el monumento a Cándido López, mesonero mayor de Castilla. La pieza monumental representa el famoso gesto de sostener un plato en su mano diestra, justo antes de partir varios cochinillos. Riqueza gastronómica y cultural de estas tierras, plato que degustamos en el restaurante Muñoz Asador en medio de la excelente atención y grata conversación de sus dependientes.

Fábulas, poemas y consejas que nos sugieren estas calles empedradas, esos callejones laberínticos que permiten asomarse a lugares de encantamiento, como el Alcazar de Segovia, uno de los castillos medievales mejor conservados y más famosos del mundo, palacio y fortaleza de los reyes de Castilla.

Estamos en medio de la nada, dice el desprevenido turista, habría que agregar… y en medio de todo.

Por: DIAZ- BUSTAMANTE

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