• 1 de noviembre de 2026

Tú me atacas, yo te ataco

 Tú me atacas, yo te ataco
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Informar no es denigrar. Tener una línea editorial y/o política clara, fiscalizar y ejercer la crítica pública son expresiones legítimas de la democracia. Muy distinto es recurrir a perfiles anónimos para instalar descalificaciones, exponer la vida privada de las personas y convertir el ataque despiadado en una supuesta forma de informar.

La actividad política requiere de conceptos y argumentos, y debe ejercerse con transparencia y responsabilidad. Esta legítima actividad humana no necesita espacios donde el anonimato termine reemplazando al debate de ideas. Porque se puede cuestionar una gestión, confrontar una postura y disentir profundamente, sin perder el respeto por la dignidad del oponente o adversario.

Porque una cosa es hacer política y otra muy distinta es normalizar el hostigamiento. Cuando un perfil anónimo parece tener una sola misión: atacar a personas de izquierda, escudriñar sus vidas privadas y convertir cada aspecto personal en material de descalificación, cabe preguntarse: ¿dónde termina la crítica política y dónde comienza el hostigamiento?.

La discrepancia ideológica o de ideas es necesaria. La fiscalización también. Pero ninguna convicción o creencia política justifica invadir la intimidad, degradar la dignidad ajena o esconderse en las sombras para eludir  responsabilidades. Una cosa es tener una línea o perfil; otra es convertir el anonimato en una herramienta de persecución personal.

Pero, en estricto rigor, estas manías persecutorias con base en la denostación y destrucción de imagen no se iniciaron hace 3 o 4 años a la fecha, esto deviene de muy atrás en Puerto Natales y curiosamente algunos personaje se repiten.

En otro sentido, pareciera que el anonimato funciona bastante bien mientras nadie responde al agresor. El problema comienza cuando alguien decide contestar, poner límites y cuestionar los métodos empleados. Entonces aparece la indignación, el enojo y la susceptibilidad. La crítica debe ser de ida y vuelta. Quien se atribuye y arroga el derecho de censurar y opinar sobre la vida de los demás, también debe entender que sus publicaciones pueden ser cuestionadas. La libertad de expresión no es un privilegio y un visto bueno para atacar y tampoco una garantía para no recibir respuestas.

Cuando alguien necesita destruir la reputación de otro para sentirse relevante, superior o mejor, cabe preguntarse cuánto hay de frustración, cuánto de necesidad de reconocimiento y de incapacidad para aceptar que otros tengan una voz singular, trayectoria y dignidad.

Pero hay algo que jamás podrán ocultar: la calidad de una persona se revela en la forma en que trata a quienes considera sus adversarios. No todos tienen la capacidad de construir, algunos sólo saben destruir y dinamitar. Y esa es, quizás, su mayor derrota: necesitar la caída de otros porque nunca han sabido levantarse por sí mismos.

Cada persona da lo que tiene. Y algunos, lamentablemente, sólo poseen resentimiento y odio para repartir.

P.D. Y No se enojen por el meme, se trata de una parodia dedicada a los y las fans de Cerimedo en Natales.

Por: Observador Comunal para El Tirapiedras.

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