• 31 de octubre de 2026

Cuando el ataque personal y la burla se salen de control

 Cuando el ataque personal y la burla se salen de control
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La crítica no puede convertirse en humillación. Es profundamente condenable que algunos, amparándose en el anonimato de un perfil falso, utilicen imágenes, disfraces y burlas para denostar públicamente a un concejal y a un comunicador. Una cosa es ejercer la crítica, cuestionar decisiones o confrontar ideas; otra muy distinta es recurrir a la ridiculización personal como mecanismo de desprestigio.

La política no necesita matones digitales, ni la comunicación pública necesita personajes escondidos detrás de identidades ficticias que confunden la libertad de expresión con el derecho a humillar. Quienes dicen defender la verdad y la justicia, deberían comenzar por practicar el respeto, la responsabilidad y la coherencia. El anonimato no otorga impunidad moral. La burla no es argumento, el desprestigio no es valentía y la humillación jamás será una expresión legítima del debate democrático. Podemos tener diferencias, adversarios y profundas discrepancias (esto no es un regimiento), pero nunca deberíamos perder la dignidad en la manera de relacionarnos con los demás.

Disfrazar a un concejal y a un comunicador para convertirlos en objeto de burla no es humor inteligente, no es crítica política y mucho menos es valentía. Es una expresión de pobreza argumental extrema y de degradación del debate público.Quien necesita esconder su identidad para atacar a otros, demuestra que no tiene el coraje de hacerse responsable de sus opiniones.

Pero lo que llama la atención es que en Natales estamos asistiendo a una escalada de hostigamiento en redes sociales que debería tener un pronto final. Recordar que un punto álgido de esto lo representó la amenaza de muerte proferida en contra del mismo concejal que se lo continúa hostigando por redes sociales.

Por último, que nadie confunda la burla con poder, ni la crueldad con inteligencia. Porque cuando se agotan los argumentos, algunos recurren al disfraz; cuando falta dignidad, aparece la descalificación. En la actividad política y en la confrontación de opiniones e ideas se puede tener adversarios, pero jamás se debería normalizar la cobardía, la persecución ni la humillación como herramientas de posicionamiento y poder.

Por: Observador Comunal

*imagen de redes sociales

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