• 15 de agosto de 2022

Cuando la corrupción se vuelve una cultura

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Por Kümeche

 

Luego del estallido social y la pandemia se esperaban nuevos  bríos, cuya esperanza colectiva era el camino de la transformación,  se configuró el universo o la historia hizo justicia haciendo aparecer todas las prácticas de corrupción instaladas en las instituciones tradicionales.

Y, sobretodo, en el poder político -y Natales no fue la excepción-, se cayeron monumentos y se derribaron imágenes que falsamente parecían leyenda.
Grandes actores políticos y gestores, eran y resultaban ser los más elegantes y simpáticos delincuentes de cuello blanco.
Por otra parte, nacía una nueva generación política y así ganan nuevos rostros jóvenes y oxigenados políticos, triunfan en muchos territorios los que se veían como personas confiables y de buena fe, decentes, porque el análisis era todo lo malo es por la corrupción …
Sin embargo, al pasar el tiempo, la Ciudadanía parece haber asimilado el gusto amargo (y para otros dulce) por las prácticas de complicidad, privilegios y alianzas fraudulentas, donde lo más valioso es el beneficio individual por sobre el bienestar social o como hoy lo llaman, Buen Vivir.
La lógica del mercado y del negocio, asoma en las arenas de la gestión pública y política donde no sólo pagan los mafiosos, sino que los honestos también son cuestionados por no pagar.
La Ciudadanía condenaba a la clase política, siempre los mismos pedían renovación y asumieron nuevos actores.
El Presidente es un claro icono de ello.
Con poca experiencia pública y administrativa, pero con una capacidad, voluntad y honestidad que conmueve ante tanta mentira y falacia.
Para avanzar hay que despojarse de los antiguos parámetros y vicios. Romper la cultura de la corrupción, donde no hay amiguismo sino amigo  y/o compañeros, donde no hay complicidad sino cooperación.
Donde no hay interés sino vocación. Para romper esta cultura, pasará una década o más, pero es posible.
Es el momento justo para transformar Chile, nuestra región y nuestra comuna.
24 años resultaron ser suficientes para el enriquecimiento y malas prácticas, que si bien quienes fueron ungidos para condenar a los demonios o cortar la cabeza al dragón no lo han podido hacer…  !Pero si el poder judicial no funciona, que al menos la Ciudadanía rompa la cultura de la corrupción!!!

Aún soy de aquellos incrédulos e incrédulas, pero aún se distinguir entre un ángel y un demonio !!! ¿Y ustedes?.

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