DE COMO CONOCIMOS A J. P.
Mi padre tenía una importante biblioteca en los año 70, probablemente unos mil ejemplares, que ocupaban toda una pared en aquella antigua casa de calle Baquedano. Recuerdo los doce volúmenes de una enciclopedia para niños “Lo se todo”, se abordaba historia mundial, historia religiosa, astronomía básica, conocimientos sobre la naturaleza y las grandes exploraciones y descubrimientos humanos. Acompañaban a estos textos amables e idílicas ilustraciones que nos invitaban a ojearlos periódicamente.
Estaban también unas biografías de O’Higgins, Arturo Prat, Simón Bolivar y San Martín que insuflaron nuestro pecho del espíritu latinoamericano. Vagamente recuerdo algo sobre Santiago Bueras y un oscuro y adusto personaje de apellido Portales, reivindicado periódicamente por un sector de la lamentable política chilena y que, para nuestro natural asombro, llevaba una doble vida: restricción y autoritarismo para el pueblo, una vida displicente y licenciosa en el terreno personal.
No podían faltar los inextricables manuales; de oratoria, de cocina, deportes, supervivencia y defensa personal. Textos absolutamente desechables, que curiosamente nos han permitido la sobrevivencia hasta los días actuales.
En ese arsenal bibliográfico, se encontraban libros de editorial Zig Zag, editorial Nascimento, los valiosos ejemplares de Quimantú, entre otros. Allí comenzamos a leer a los escritores chilenos; Augusto D´Almar, Fernando Alegría, Nicomedes Guzmán, Francisco Coloane, Juan Godoy, Alfonso Alcalde y otros, que recomiendo sin pausa y ninguna medida, por que nos hará asomarnos a ese buen espejo que llamamos “chilenidad”. Hoy día cuando tanto patriota petardista y grosero cree entender los intereses nacionales.
Había un grueso volumen de Editorial Pacifico S. A. de atractivo título y portada: “Humo de pipa”, su autor Jenaro Prieto. Allí nos asomamos ante el espejo del asombro, dueño de una pluma afilada y un poderoso manejo del lenguaje, además de una feroz ironía, que nos hacía reírnos a carcajadas, encontramos a J.P. Un autor poco frecuente en la gris literatura iberoamericana, generalmente lúgubre y destinada a ventilar nuestras frecuentes desgracias.
Este señor de barba monacal y barroco lenguaje, se tituló de abogado en la Universidad de Chile, profesión que nunca ejerció. Se dedicó al periodismo, desde esa trinchera, lanzó sus dardos y filípicas a un país de larga prosapia y angostos procederes ubicado en el sur del mundo: este lugar imaginario recibió el nombre de “Tontilandia”. Cualquier parecido con la siniestra realidad es una magra coincidencia.
“Geólogos y estadistas coinciden en señalar a Tontilandia como uno de los países más inseguros e inestables de la tierra.
Si el suelo es poco tranquilizador, el subsuelo no lo es menos.
Cada movimiento político de la superficie corresponde casi siempre con otro sacudón, no más consciente de las capas subterráneas, y así va tontilandia de remezón en remezón, por no decir de tumbo en tumbo”
(Economía sísmica, 1939. Archivo de humanidades, colección Jenaro Prieto. U. Católica de Chile)
Los lectores de la época tomaron para la chunga los escritos de J.P. que si bien gozaron del éxito y la risa en sus inicios, fueron relegados a la vereda del olvido después. Sin saber qué como adelantado preclaro y alquimista que era, nos abría una ventana de futuro.
La enseñanza media nos sorprendió con la lectura obligatoria de la novela “El socio”. un tema extremadamente complejo; “la existencia de el otro”, que es una prolongación de nosotros mismos. Tema ampliamente tratado en la literatura universal: “Dr Jekill y Mr. Hyde” escrita por Robert Luis Stevenson. “Frankestein” de Mary Shelley (donde el Dr. Es el verdadero monstruo y no la creatura en creación que finalmente es él mismo). Jorge Luis Borges hablaba del “otro Borges” cuando le mentaban al escritor, él era un anciano simple, torpe y ciego; el “otro Borges” era un ser infinito, blindado por una biblioteca universal.
De modo que J.P. “no era ningún chicharrón de gato” y se atrevía a darse de mamporros con los más pintados. “El socio” tiene 4 o al parecer 6 versiones en la pantalla gigante. Recordamos la versión argentina de 1945, que tiene como elenco a Hugo del Carril, Gloria Marín y Nelly Montiel.
Tiene una novela de evocación “La casa vieja”, una verdadera joya literaria, aquí nos deja un espacio para sus recuerdos y nos abre la cortina del pasado colonial de Chile. Una pieza llena de sutilezas y nostalgia que nos presenta sus tempranos sueños de adolescente.
En otros países, el buen J.P. reluciría en bronce y sería una orgullosa estatua. En Chile, hoy día es un ilustre desconocido, poco leído y mal estudiado. Tuvimos la suerte de conocerle, tenerlo a nuestra mano, en aquella añorada biblioteca de la casa paterna.
DIAZ-BUSTAMANTE
Puerto Natales, agosto 2026.
NOTA DE LA REDACCION: Para quienes quieran conocer la obra de Jenaro Prieto, pueden visitar el sitio Memoria Chilena. Está a disposición “Humo de pipa”, “Pluma en ristre” y “Con sordina”. Las novelas “Un muerto de mal criterio” y “El socio”. Se puede ver también Dibujos y documentos inéditos en Archivo de humanidades de la Universidad Católica de Chile. Para quienes gustan de los textos físicos pueden dirigir sus pasos hacia la biblioteca pública N° 14. La risa está garantizada. Buen día.