• 26 de enero de 2023

El apruebo y la voz del soberano

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Rodrigo Cid Santos

La histórica jornada eleccionaria del domingo 25 de octubre, finalizó con un aplastante triunfo del apruebo, opción que se empinó por sobre el 78 por ciento de las preferencias. En Puerto Natales, el porcentaje fue incluso superior al de la Región de Magallanes y Antártica Chilena: 83,87 vs. 79,83. De esta manera, se sentencia el fin de la Constitución Política de 1980. Un texto que aunque sufrió más de 30 reformas a partir de 1989, tuvo un origen espurio, y que ha sido materia de permanentes cuestionamientos respecto de su legitimidad. Promulgada durante la dictadura, la Constitución de Pinochet fue aprobada mediante un plebiscito organizado sin registros electorales, con múltiples denuncias de fraude, en un país sin Estado de Derecho y con graves violaciones a los Derechos Humanos.

Durante los 30 años de transición, los distintos gobiernos fueron incapaces de generar una nueva Carta Magna, que reemplazara a la de Pinochet. Ya sea porque no estaban los votos en el Congreso (durante Aylwin, Frei y Lagos había senadores designados que en la práctica hacían imposible alcanzar los altos quórum requeridos), por falta de interés (Piñera I y II), o porque la oposición hizo todo lo posible para boicotear el intento (durante su segundo mandato, Michelle Bachelet llevó adelante un proceso constituyente, que quedó trunco cuando abandonó La Moneda). Inoperancia o desidia de los políticos, que no supieron leer la importancia de contar con una Constitución donde los chilenos se sientan interpretados, tanto en su origen como en el contenido.

En este escenario, llegó el 18 de octubre de 2019. Bajo la consigna “no son 30 pesos son 30 años», se produjeron multitudinarias manifestaciones y también hechos de violencia sin parangón en la historia reciente de Chile. Fue entonces cuando la clase política se vio obligada a resignar parte de su propio poder e influencia, para ofrecer una salida institucional a la crisis. La propuesta fue la posibilidad de redactar por primera vez una Constitución, que pasara la prueba de la blancura democrática. La respuesta de la ciudadanía fue contundente. Por encima de todos los pronósticos, el apruebo se impuso con sobrada holgura en las urnas. Pero no sólo eso. Una adhesión incluso mayor obtuvo la alternativa de Convención Constitucional. El 78.99 por ciento determinó que el órgano encargado de redactar la nueva Constitución será totalmente electo, a diferencia de la opción mixta que estaría conformada por una mitad de parlamentarios en ejercicio. Todo esto representa una señal inequívoca, de la profunda desconfianza que generan los políticos profesionales.

Ahora, esos mismos políticos tienen una oportunidad para comenzar a redimirse. Si los partidos abren la puerta para que entre el aire que oxigene la actividad, y otorgan cupos o facilidades para que ciudadanos independientes puedan postular a integrar la Convención, significa que escucharon la voz del soberano. Y que no todo estaba perdido en nuestra democracia.-

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