• 20 de junio de 2026

EL GENIO DE LA DISTRACCION

 EL GENIO DE LA DISTRACCION
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Luces, voces, una gran dosis de creatividad y muchas risas. Los recuerdos provienen de otros tiempos y de otras distancias, de amistades imperecederas. De encuentros que permanecerán para siempre en nuestra memoria. Todo ello cuando nos informan que el enfermero José Luis Silva Paredes ha marchado a otros mundos.

En agosto de 1980 cruzamos el pórtico del establecimiento para desempeñarnos en nuestra actividad laboral, inmediatamente conformamos una dupla profesional. Comenzamos haciendo campañas de vacunación,  evaluaciones de visión, y exámenes posturales a alumnos de educación primaria de los colegios de Puerto Natales. Programa que sostuvimos por alrededor de una década. Allí aprendí a conocerlo en su real dimensión humana, a su preocupación por las infancias, en su intimo compromiso con el desarrollo sanitario de la localidad.

Era un líder natural, estaba presente en todas las actividades sociales, en el aniversario de Puerto Natales, en representación ante las organizaciones de la comunidad y donde podía desplegaba su buen humor y esa empatia que fluía de manera literal. 

Para el aniversario del Hospital diseñaba unas pruebas-concursos rocambolescas que sólo él entendía, a la hora de entregar los resultados se armaba una batahola de padre y señor mío,  producto de la vehemencia y apasionamiento de los representantes de las distintas alianzas. Para entonces la figura de Silva se hacía humo, dejando a los concursantes enfrascados en discusiones bizantinas para designar al ganador de la competencia.

Para muestra un botón, organizó una carrera de regularidad por las calles de la ciudad, diseñó el mapa de recorrido; durante una hora se giraría por Puerto Natales a una velocidad promedio de 45 kms/h. Se distribuyeron jueces y veedores correspondientes, se contó con el apoyo de carabineros, la prueba reunió alrededor de 30 entusiastas pilotos:  en cada giro debían pasar frente al hospital para registrar sus tiempos. Finalizada la prueba, los cálculos y las matemáticas no calzaban por ninguna parte, aún hoy no hemos podido determinar al verdadero ganador y Silva emulando al mágico Houdini, el maestro escapista, desapareció como por arte de encanto.

Por este y otros motivos personalmente lo bauticé  como “el genio de la distracción”. Siempre ideando cruces de palabras, utilizando graciosos arcaísmos locales, contando divertidas anécdotas y haciendo bromas ingeniosas. No está claro, pero de alguna manera decidió hacerme su socio o,  simplemente decidí que sería mi socio:

Durante cinco años conformamos el “Comité de Navidad”  del hospital, que funcionaba desde marzo a noviembre; venta de empanadas, completadas y diversas actividades para reunir fondos. Los regalos se adquirían un mes ante de las festividades, por aquellos años gran parte de los juguetes utilizaban pilas, y José Luis Silva se daba el trabajo de revisarlos, y reparar aquellos que no funcionaban, demostrando ingenio,  paciencia y precisión de cirujano. Se culminaba en una gran fiesta de la familia hospitalaria; padres, hijos y funcionarios que acudían a esta celebración. Sumábamos a todo ello, una hilarante y disparatada función circense que protagonizábamos nosotros mismos. 

Mención aparte, es decir que, muchos vecinos que se enteraron de esta actividad,  después acudían libremente, sólo para ver y disfrutar de este espectáculo. Los circenses aficionados, contagiados por un público incondicional y haciendo gala de una creatividad improvisada, se salían de todo diseño y libreto,  generando una verdadera explosión de risas y diversión.

Para el aniversario de Natales representamos a las candidatas a reina del hospital, pusimos en escena divertidas comedias, que escribimos en la urgencia de los acontecimientos. Contábamos además  con el histrionismo de Marcos Cheuque, Sonia Mansilla y María A. Navarro, además del encanto de Sandra Provoste y Gladys Soto. Nuestra primera obra fue muda y el protagonista principal fue José Luis Silva, se titulaba “La estatua”. La segunda fue con diálogos se llamaba “Piedra y vidrio”. Ambas presentaciones fueron totalmente exitosas y colmaron de risas las graderías del gimnasio Natales. 

Irreverentes y con ciertas dosis de insurgencia, que corría por nuestras venas de socios rebeldes, estas primarias actuaciones eran una crítica natural a la sociedad autoritaria que perduraba en el  Natales de ese entonces, estábamos en el precario equilibrio de la dictadura al tránsito democrático y en “Piedra y vidrio” levantamos la orgullosa anarquía de los tirapiedras frente a los círculos de poder.

En la foto J.C. López, José Luis Silva, J. Díaz, M. Ordóñez, Lucila Cárdenas, Herminia Velásquez, M Montaña.

Posteriormente y en ámbitos del secretismo conformamos una liga patriótica a la que llamamos “Hombres libres y maridos no oprimidos”. La misión una junta anual, en “Laguna Sofía” o en  “Dos lagunas”, acudían un grupo de entusiastas socios que durante un fin de semana compartían, partidos de fútbol, cabalgatas, juegos de truco, mentiras diversas, un asado junto a una buena bota de vino y canturreo hasta el amanecer. Debo aclarar que cada viaje era garantía de diversión y bullanga.

Al interior del hospital fundamos un periódico satírico llamado “El piojo” que alcanzó 5 números, que literalmente eran arrebatados en cada edición. Los cincuenta ejemplares eran realizados a mimeógrafo y se agotaban en una tarde. El equipo del “El piojo”, tenía como dibujante y caricaturista a Nery Mansilla. La enfermera Lucila Cárdenas aportaba artículos serios y de interés científico. José Luis Silva se encargaba del crucigrama, que tenía la particularidad de tener como tema central al mismo hospital y sus funcionarios. En mi caso, ejercía la dirección y desarrollaba la nota editorial, que eran escritos apócrifos atribuidos a personajes del establecimiento, además de la página literaria. A ello se sumaba una legión de informadores y rifleros que nos entregaban la sabrosa chimuchina del pequeño establecimiento hospitalario. En su esencia “El piojo” contaba los chascarros de la vida cotidiana, sin identificar a los protagonistas de los hechos, no se entregaban nombres ni apellidos, pero sus actores eran identificados sin vacilaciones por el jubiloso público lector.

Por compromisos familiares, José Luis Silva Paredes, decidió regresar a su ciudad natal, allí ejerció su profesión con la misma dedicación y alegría que desplegó en esta tierra que lo adoptó como propio, y que de alguna manera siempre estuvo presente; en la memoria y los recuerdos de quienes tuvieron la suerte de conocerle. 

Al genio de la distracción lo veo personificando al icónico viejo pascuero, a un divertido payaso o a un delirante vagabundo. A quien inventaba enrevesados versos de truco y disfrutaba del juego de palabras. Al  que creía que a la vida se le  ganaba con estos chispazos de felicidad. De alguna manera, a mis tiempos hemos participado de este caleidoscopio de reflejos, siendo payaso, pascuero y mudo vagamundo. 

En esta ultima dimensión de los recuerdos nos acercamos a la vida de colaboración y compañerismo que se vivía en aquel viejo hospital. A la precariedad de los medios que disponíamos, pero también al férreo apoyo entre los distintos profesionales de la salud. Al ineludible compromiso funcionario con nuestra comunidad que marcaron una época donde la solidaridad y el buen entendimiento formaban parte de este pequeño poblado del sur del mundo.

José Luis Silva, fue un gran profesional de enfermería, un destacado deportista vistiendo los colores del Servisalud y un admirable compañero de trabajo. Para nosotros, seguirá siendo por siempre el genio de la distracción, el que te arrebataba una sonrisa para hacerte ver el lado positivo de la vida.

DIAZ-BUSTAMANTE

PUERTO NATALES, JUNIO 2026.

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