FANTASIA OCHENTERA
Hoy día cuando una fiebre apocalíptica sacude a las redes sociales, con todo tipo de individuos, profesando ese amor inconfesado a la década ochentera, queremos ser ecuánimes y creer que tratan de emular la época “gringa”. La de la onda disco, la que propiciaba movimientos eléctricos, luces estroboscópicas y una música que te hacía sentir, que tocábamos el cenit de la creación humana. La instantánea es un retrato, más bien una fotografía del propio individuo, representado con vestimenta y peinados de aquella década.
Las mujeres lucen frondosas y largas melenas, minifaldas dramáticas y hombreras exageradas. Los varones exhiben trajes de poder y corbatas llamativas. Los más desafiantes se presentan en estilo Rock A Billy; chaquetas de cuero, camisetas y jeans desgastado. La gran mayoría aparece en buzo deportivo de celeste acerino o color verdeagua, si es que existe ese color.
Estas repentinas destemplanzas son aplicaciones de la IA, que se vuelven tendencia y como aquella recordada película “Fiebre de sábado por la noche”, nos sentimos como el joven italoamericano que escapaba de la sombría realidad familiar de un barrio de Brooklyn.
El tema es que no estamos en Brooklyn, ni tenemos una discoteca a la mano, para ejecutar nuestros “pasos prohibidos”, además estamos a más de cuatro décadas de distancia. En lo único que coincidimos es en la sombría realidad que nos circunda, en ese entonces y en el presente, inducidos por las artes del embeleco (al que a un amigo le gusta llamar “Fake News”).
Despojados de nostalgia y otros afanes belicosos, revisamos los acontecimientos del año ochenta:
En marzo, el dictador Filipino, Ferdinand Marcos, cancela en pleno vuelo la visita de Pinochet, que era la primera escala de la fallida gira asiática. En mayo, se estrena en el teatro Ópera el espectáculo Vedettísimas, realizado por un grupo de transformistas españoles, el gobierno decreta su expulsión del país aduciendo que: «atentaban contra la moral y las buenas costumbres».
Cuando corría el mes de agosto en un discurso al país, Augusto Pinochet anuncia que el 11 de septiembre se realizará el plebiscito para aprobar o rechazar la nueva Constitución Política de la República de Chile. A fines de ese mes se realiza el Caupolicanazo, manifestación masiva contra la dictadura militar, actividad liderada por el expresidente Eduardo Frei. Entre agosto y noviembre, los psicópatas de Viña del Mar cometerán sus más siniestras fechorías, sembrando el terror en la región. En noviembre, se crea un nuevo sistema privado de pensiones (AFP). En diciembre, Juan Pablo II da a conocer a los representantes de Chile y Argentina, su propuesta de resolución del Conflicto del Beagle.
En los datos duros: En1981, el PIB cayó un 14% respecto a 1980, y el desempleo aumentó en un 25% en el mismo lapso. La industria y la construcción decrecieron hasta cifras negativas.El Banco Central informó que las reservas internacionales disminuyeron un 53,6% respecto a 1981.La deuda externa pasó de 5200 millones de dólares en 1977 a 17100 millones en 1982.El superávit fue deficiente, con un -3% en 1983.La inflación aumentó un 20% anual.
Estamos tan distantes y a la vez tan cerca de estas problemáticas, que parece que el tiempo ha maquillado nuestros destinos, para devolvernos a esa imagen ochentera. De alguna manera entendemos que el pasado construye el incuestionable presente.
La quimérica fantasía ochentera se rompe con el viejo y, a la vez renovado adagio; “más pobres pero felices”
DIAZ-BUSTAMANTE
Puerto Natales, septiembre 2026