• 26 de febrero de 2021

LA ISLA DE LOS MUERTOS

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Hacia finales del siglo XIX se da inicio a la exploración y colonización del territorio de Ultima Esperanza. Uno de los primeros exploradores es el ya reconocido capitán Eberhard, quien acompañado de Augusto Kark y Teodoro Huelphers, además de un ovejero y los ingleses de apellidos Cattle y Game emprenden la aventura de navegar por las aguas de los canales en busca de territorios aptos para la ganadería. Después de una serie de aventuras alcanzan el lugar que denominan Puerto Consuelo. Que a su vez, señala el inicio de la instalación de nuevos colonos en el territorio. Es el caso de Ernesto Von Heinz que se instala en el sector de “Casas Viejas”, Federico Otten que se ubica en la ribera del río Tres Pasos y Federico Lumberg que lo hace en los faldeos de Sierra Dorotea. La mayoría de ellos eran inmigrantes europeos que, en su afán aventurero,  se internan en la zona de Ultima Esperanza.

La incipiente faena ganadera atrajo nueva mano de obra que deseaba instalarse en el lugar y ya en 1899 se funda el primer centro poblado al que llaman Puerto Prat, al poco tiempo se conforma otro caserío al que denominan Puerto Cóndor. Los colonos de la época deciden instalar el primer cementerio de la zona en el lugar conocido como Isla Kruger, que se encontraba al frente de Puerto Prat.

Este pequeño cementerio fue creado para depositar los restos de los primeros colonos de la época, vecinos de Puerto Prat, Puerto Cóndor y otros sitios rurales. De acuerdo a la información que se maneja el sitio llegó a contener alrededor de cuarenta tumbas. Para la memoria colectiva quedan los nombres de Ulrich Spranger, Maria del T. Leiva de Taboada y Murdo Mc Lean Frazer, cuyos restos estaban depositados en el lugar.

 Para trasladar los restos de sus seres queridos debían realizar una pequeña navegación y cruzar el fiordo Eberhard. Situación que no dejaba de tener sus inconvenientes. Testimonios de la época refieren que cuando había mal tiempo, los deudos debían permanecer en la playa a la espera de que amainaran las aguas para trasladar el ataúd a su destino final.

En 1904 se registra la primera presencia de los salesianos realizando su labor espiritual, es el padre Mayorino Borgatello, quien inicia su recorrido por la región administrando los sacramentos y al llegar a Puerto Prat, se traslada a  isla Kruger para bendecir el cementerio de la localidad.

Con el paso del tiempo la población de Puerto Prat,  debió enfrentar dos problemas insalvables; primero la escasez de agua, que no le permitía el abastecimiento del vital elemento y luego la poca profundidad del mar, que impedía la navegación de buques de gran calado, por lo que la población debió trasladarse a la ribera del río Natalis. Puerto Natales data su fundación el 31 de mayo de 1911, pero para ese entonces ya existían alrededor de diez casas en el sector. El cementerio se trasladó entonces a una loma que quedaba, bosquecillo mediante, distante a unos 500 metros del pequeño poblado.

Desde entonces la Isla de los Muertos, pasó al abandono y al más ominoso olvido. El pasto creció cubriendo las tumbas, la lluvia y el riguroso clima austral deterioró las cruces y encuadres de ese cementerio abandonado que contenía los restos de los primeros colonos.

Tiempo más tarde, Ricardo Schultz, un anciano de origen alemán, se instaló en el lugar construyendo una pequeña cabaña, viviendo una vida de ermitaño, dedicado a la pesca, crianza de animales y aves de corral. Lo visitaba su amigo Waldemar Heimpel quien, al fallecer Shultz en 1936, heredó los escasos bienes de su compañero.

En sus crónicas “De ayer y de hoy” Osvaldo Wegmann nos dice: “En la noche, mientras el viento rugía y el oleaje reventaba en la playa de piedra. Waldemar Heimpel nos contó su vida, sentado junto al fuego de su pintoresca cabaña, que habitaba completamente sólo. Fue agricultor, marinero y cazador de nutrias. Ahora vivía de su modesto trabajo: criaba algunas ovejitas, cultivaba verduras, que llevaba a vender a Puerto Natales y a veces pescaba y cazaba. Su isla valía mucho para él”.

En la década de los 80, Bienes Nacionales, realizó un remate de tierras fiscales. Dentro las que se encontraba la Isla Kruger. Se la adjudicó un funcionario bancario, residente en Punta Arenas, que esporádicamente visitaba el lugar. Desde ese entonces oficiaba de cuidador del sector nada menos que el popular “Lalo” Macías, conocido personaje natalino de la época; esmeraldino de corazón, socialista por convicción, acordeonista apasionado. Junto a su fiel perro “Pitufo”, eran las figuras amigables y reconocibles de la isla. El dúo musical formado por el hombre y por el can sorprendían a quienes los oían por primera vez.

Hoy día, el sector es de propiedad de un conocido empresario natalino, que lo adquirió con la intención de utilizarlo para fines turísticos.

Ubicado a 20 kilómetros de Puerto Natales, la isla Kruger, también conocida como la Isla de los Muertos, por ser el primer cementerio del territorio. Allí se encuentran sepultados los primeros colonos, vecinos y pobladores anónimos que tuvieron el mérito de levantar las primeras viviendas en Puerto Prat y Puerto Cóndor e iniciar la colonización de la zona.

JORGE DIAZ BUSTAMANTE

PUERTO NATALES, ENERO 2021.

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