LEYENDAS FANTASTICAS DE LA ISLA GRANDE DE CHILOE
En medio de las nieblas y chubascos de las granizadas que sepultan los sembrados y de los vendavales que peinan las altas copas de los alerces y desgajan de cuajo los robles añosos, se han perpetuado en la isla chilota la leyenda y la tradición nacidas en la imaginación fértil de pretéritas generaciones. El aislamiento, lo riguroso del clima, los grandes horizontes del mar y el misterio de los bosques han hecho que la tradición oral sea el vehículo más propicio para que viaje a través de los siglos la leyenda, de generación en generación, hasta perpetuarse en los sentimientos de los isleños.
Tres sujetos legendarios, demonios o espíritus del mal, sentaron sus reales en la isla en épocas muy remotas, y los adelantos de la civilización, la energía eléctrica, los caminos y vías férreas, las ondas de la radio, no han sido capaces para ahuyentarlos y evitar que sigan haciendo fechorías. Porque esto es lo que piensa, cree y siente el isleño, aun cuando en su fuero interno varonil, bizarro y orgulloso se resiste a dar patente de veracidad a lo que le contaron sus bisabuelos junto a la lumbre vacilante del fogón. Tres espíritus maléficos están presentes en el recuerdo, en el interior de los bosques, en las hondas quebradas de los torrentes, en los bramidos del puelche, en el peligroso ondular de las tembladeras y aun en el solemne canto de las olas que se hacen presentes para conminar a los chilotes a estar alerta contra lo que pudiera sobrevenir.
EL CAMAHUETO
Uno de ellos y el más temible, por cierto, es el camahueto. Cuando la luna apenas se anuncia en su primera fase, una machi entierra un cuerno a la orilla de una ciénaga. De el, por generación espontánea, nace el camahueto, que en el momento de llegar a la vida toma forma de un terrible animal de morfología indefinida, pero de fuerza sobrenatural, que arrasará con cuanto encuentre a su paso: cerros, árboles, casas, etc. Corre desesperadamente en busca del mar hasta que llega a él y se hunde en sus abismos para siempre, dejando a su paso la desolación y la muerte. Sin embargo, el extraño animal tiene una virtud: su cuerno proporciona fuerza de gigante a quien beba un poco de agua con raspadura cornea, proveniente del camahueto. Si se le pasa la mano y bebe demasiado, será pendenciero criminal y asesino. Nadie ha visto al camahueto, pero muchos lo presienten y lo temen.
LA FlURA
Otro de los entes que causan terror en la isla es la fiura. Animal que nadie ha logrado describir, pero que con sólo abrazar a una persona la transforma en horrible monstruo. La trasmutación es de evolución lenta. Poco a poco, los miembros se transforman en patas que se retuercen y en peligrosas garras. Pasando el tiempo, la persona «embrujada» por la fiura no podrá seguir viviendo entre sus coterráneos, y tendrá que huir a la selva.
EL TRAUCO
El trauco incursiona en la siquis romántica de los chilotes. Aun en los más tiernos idilios suele hacerse presente, a la manera de los «imbunches».
El trauco es un duende que habita debajo de la tierra, en lo más cerrado y tenebroso de la floresta. Quienes «lo han visto» aseguran que es de pequeñísima talla, viste ropajes confeccionados con cortezas y raíces y luce un sombrero de anchas alas del mismo material. Tiene la extraña misión de encantar a las muchachas jóvenes, eligiendo si, con admirable gusto, a aquellas más bellas y de más puras líneas. Se presenta a las niñas como un doncel alto, bello, ele gante y perfecto. La adolescente que ha sido elegida por el trauco para sus románticos escarceos contrae una enfermedad incurable; no podrá amar jamás. La niña comienza a sufrir de males desconocidos: tristeza infinita, delgadez suma, una languidez desesperante la invade y por último termina por morir, sin que nadie pueda diagnosticar las causas. El trauco ya ha realizado su obra y luego desaparece para convertirse nuevamente en el duendecillo de los bosques.
TIERRA DE LEYENDAS
Será quizás el aislamiento o el embrujo de las lontananzas marinas o por último el misterioso hechizo de las tempestades, pero lo cierto es que estas son sólo algunas de las leyendas de la grande isla chilota, lejana en la geografía, pero muy cerca del corazón de todos los chilenos. Las brujas chilotas dejaron su fama bien puesta hace ya muchos siglos. Y la tradición oral se ha encargado quizás de desfigurar la realidad o de transformar la leyenda. Pero lo cierto es que Chiloé presenta para el folklore nacional un vasto campo aun virgen en el terreno de las investigaciones.
J.M.D(revista “En viaje” septiembre 1960).
Recopilado por J.D.B.