• 3 de diciembre de 2020

RECUERDOS DE UN IMPRESCINDIBLE;  ADIÓS ALFONSO COÑOECAR MILLALONCO

Por: Ramón Arriagada Sepúlveda

Es muy sabio aquello que la vida de los muertos es el recuerdo de los vivos. En otras palabras de quienes sobreviven. En días de pandemia, cuando  estamos vivos entre tantos muertos  y   se han  ido muchos amigos y rostros conocidos desde el  paisaje natalino.    Sin saber si el virus  es endémico o epidémico;  varios días hemos superado a Punta Arenas en infectados;  pero me cuesta creer que uno de los caídos en estos días de batalla sin fin, haya sido  mi amigo “Coñito”, el infatigable Alfonso Coñoecar Millalonco.

Murió lejos de nosotros. En Río Gallegos, se realizaron   la sepultación de sus restos. Ni siquiera la posibilidad de un discursito  de despedida, para decirle lo mucho que lo apreciábamos y que nos faltará. No tuvimos la ocasión de entonar  el “Pueblo Unido”,  con  un sentido “ ¡Alfonso Coñoecar, presente, ahora y siempre! ”.

Lo conocí recién para las agitadas movilizaciones por el alza del gas. Yo era presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Natales; muchos comerciantes se quejaban  de recibir malos gestos y amenazas de personas aparecidas con motivo de las movilizaciones.  Lo hice ver en una de mis intervenciones en una de esas asambleas calientes, donde predominaban  muchas opiniones exacerbadas. Las  barreras de ingreso a la ciudad,  eran tan infranqueables,  que pretendieron,  en un momento mantener a turistas de paso,  como rehenes. Nosotros mismos llegamos a estar prisioneros en Natales. Cuando yo creía estar solo en mis posiciones, pidiendo mayor serenidad, se me acercó Alfonso y me recomendó “compañero, tiene que comprenderlos, ellos son más voluntad que racionalidad, el voluntarismo desprestigia y mata a los movimientos, se lo digo yo, con cuarenta años de vida sindical”.  Fue el nacimiento de una amistad de mutuo respeto. 

Después nos seguíamos encontrando  en nuestras idas a buscar el diario en la pastelería “El Telégrafo”, en la esquina de la plaza al mediodía. En nuestras conversaciones,  pude aquilatar su excelente formación ideológica, como hombre de izquierda  y sindicalista de los mineros del carbón de Río Turbio. Hombre de convicciones firmes Alfonso;  para ser comunista  y  dirigente sindical en la  Argentina justicialista, donde las aplanadoras peronistas en los sindicatos eran dirigidas muchas veces por personeros  matones y vengativos.

Estaba feliz cuando logró ser elegido como concejal en la comuna de Puerto Natales.  Claro que al poco andar se dio cuenta que en el  municipio habían muchos que querían vivir de la política y no para la política. Había sido elegido por la Concertación con otros concejales, pero al comienzo,  era  el único que se oponía públicamente  a los manejos poco transparente,  sobre todo en la Corporación Municipal de Educación. Espero se haya  informado, antes de fallecer,  que los secretos guardados  y que le causaban repulsión,  se están haciendo  públicos  dejando a muchos incrédulos sorprendidos por la desfachatez de sus autores.

En una oportunidad, me contó,  que una concejala de Derecha, reparó en sus expresiones al hablar, influencia de toda una vida en Argentina.  La  señora crítica a sus modismos, le espetó diciéndole “ ¡Usted señor Coñoecar, cuando va a hablar con su lenguaje y no como argentino! ”, a lo cual Alfonso contestó  espontáneamente  ¡ Ah,  usted señora quiere que yo le  hable en Mapudungún!;   recordándole su ascendencia huilliche- mapuche.  La salida se llevó el aplauso de quienes estaban presentes.

Como todos los chilenos que buscaron refugio en Argentina después del golpe cívico-militar de 1973 en Chile; tanto migrantes económicos como políticos,  Alfonso, sentía un gran respeto y  reconocimiento por el presidente Néstor Kirchner.  Si bien es cierto tomaba distancia política de dicho personero, reconocía que gracias  a su gestión los chilenos modestos residentes en la Patagonia argentina y sus descendientes, fueron considerados con todos sus derechos ciudadanos. No volvieron a ser tratados como personas de segunda categoría y como  escudos humanos en sus poblaciones para cuando la locura guerrera de 1978,  también  para la Guerra de  Recuperación de las Malvinas. Además,  como dirigente carbonífero constató, que Kirchner fue el único  presidente argentino en darle esperanzas de sobrevida a la  Cuenca Carbonífera y por ende a los mineros y jubilados chilenos residentes en Río Turbio. Por eso, también, a  Alfonso Coñoecar hay que considerarlo como el principal artífice del edificio corporativo en nuestra ciudad de los trabajadores carboníferos chilenos.

Podría referirme a la pena que le causó su no reelección como concejal;  las dificultades para materializar su apreciado Centro de Mineros; lo duro que fue soportar el accidente vascular al verse impedido de una locución clara. Todo fue mellando su fortaleza. 

Conversamos por última vez el 23 de enero  del 2019. En un Gimnasio Carrera repleto recordamos los 100 años de los Sucesos de Bories. Habíamos sido testigos de un  acto de alto sentido reivindicativo y cultural. Estaba emocionadísimo al ver como los asistentes, mayoritariamente jóvenes, interpretaban y seguían las interpretaciones del conjunto Inti Illimani. Me agradeció que lo hubiese invitado. Un abrazo sincero que el destino y la vida quiso que  fuese una despedida para siempre. 

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