• 22 de enero de 2022

«Refranero de la Patagonia»

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Hace unos días ha hecho su aparición en las librerías  con el título de “Refranero de la Patagonia”, una publicación entre folleto y libro de bolsillo, que dice ser una “recopilación de los mejores refranes, dichos, decires y proverbios” de este nuestro lugar de residencia, la Patagonia. Ha sido editado por la editorial natalina “Fiordo Azul” en una denominada Colección de Rescate Cultural. Sus autores y editores se identifican como la “Tropilla Refranera”. El compilador de estos contenidos es el sociólogo y escritor Ramón Arriagada, residente por más de cuarenta años en Puerto Natales.

En una conversación con nuestro medio nos dice estar muy satisfecho por haber dado vida a esta publicación. Después de verse obligado a dejar la docencia universitaria el año 1981 y consciente que mientras las universidades estuvieran intervenidas, su relato sociológico no tenía lugar en las aulas del país, marchó a Puerto Natales, con su esposa natalina, para emprender actividades comerciales.  Allí comenzó su quehacer como “bencinero” en un punto de venta, ya en ruinas, pero que tenía una vista incomparable frente al denominado Muelle de los Cormoranes. Muy pronto comenzaron a llegar los clientes, quienes lo acompañarían por 28 años como distribuidor de la Bomba Esso.

“En su mayoría fueron pescadores y gente dedicada a la ganadería. Eran pocos entre aquellos ganaderos que se identificaban como ‘estancieros’, les gustaba más llamarse ‘loteros’, muchos habían sido empleados de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, favorecidos con las asignaciones de tierras, cuando terminaron los asentamientos de la Reforma Agraria”, relata Arriagada, quien se dio cuenta que la mayoría de ellos trabajaban mano a mano con su personal y llevaban una vida como a ellos les gustaba, eran austeros y no negaban su origen.

Lenguaje coloquial
y especial

Al sociólogo en sus observaciones del comportamiento de sus clientes campesinos, le comenzó a llamar la atención en su conversación diaria, la aparición espontánea y sin grandes estridencias, de decires, dichos y refranes con mucha influencia del lenguaje gauchesco. Huellas  de vivencias en territorios, donde las actividades de la ganadería en campos y frigoríficos de las grandes empresas de la tierra, con fronteras inexistentes, habían generado un lenguaje coloquial muy especial. Le gustaron tanto, admite, que siempre andaba portando una libreta de bolsillo donde anotarlos.

“Los informantes del futuro ‘Refranero’ comenzaron la tarea de ‘acarrearme’ los dichos; puesteros, loteros, mineros de Río Turbio, amansadores de festivales, animadores de fiestas camperas se entusiasmaron”, nos expresa el compilador. Pero al parecer faltaba el impulso para armar lo que iría a la imprenta.

Preservar el
componente cultural

Ramón Arriagada señala sobre la razón de esta publicación. “Creo era necesario que alguien se preocupara del ‘sótano’ de nuestra estructura social; vislumbrar ideas para una explicación de lo que sucedió en la Patagonia con el encuentro de culturas cuyos orígenes eran las islas del archipiélago chilote, trabajadores del Chile central campesino y huaso, con el componente argentino-gaucho; amalgamados en la Patagonia de los peones y los trabajadores urbanos, que llegaron para acrecentar el poder económico de las grandes empresas de la tierra en campos y frigoríficos”, describe Arriagada.

El recopilador de este material defiende la idea de presentar el lenguaje del refranero tan directo y a veces atrevido, argumentando que sofisticarlo habría sido un fraude. Además, enfatiza Arriagada, estaba la urgencia  de recuperarlo, pues poco a poco han ido desapareciendo esos trabajadores en las estancias, producto de la llegada de otros contingentes de trabajadores y de un injustificado menosprecio de los jóvenes por irse al campo. Nos confiesa también Arriagada que hubo de eliminar, muchos decires que hacían referencia a minorías raciales y sexuales y otras instancias excluyentes. Finalmente se publican 420 dichos, refranes y decires.

Las 20 ‘perlitas’ del refranero

– Duró menos que un escupo en plancha caliente.

– Por una yegua echada no vamos a parar la trilla.

– Estaban abrazadas como comadres en desgracia.

– Iba echadito pa’trás como carancho cantando.

– Es como manguera en vaso. ¡Llena altiro!

– Se vino como gato al bofe.

– No aflojes la cola de la vaca. Aunque te cague la mano.

– En la Patagonia, quien se apura , pierde el tiempo.

– Más caliente que guata de parrillero.

– Más resbaloso que teléfono de carnicero.

– Mandibulea como perro mascando arañas.

– ¿Cómo está usted?… Muy bien, como cuando usted era pobre.

– El que come callado. Come dos veces.

– Muchas veces hay que tragar amargo y escupir dulce.

– Si le das poder a un tonto, sólo hará tonterías.

– Le decían el Puerto Montt, porque todos los días amanecía feo.

– Estaba atorado como pato comiendo tripas.

– En tiempos de guerra, cualquier hoyo sirve.

– Dios los hace y el viento los amontona.

– Se fue pa’rriba como erupto de buzo.

 

Fuente: La Prensa Austral

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