• 22 de enero de 2022

Todos esos nombres son tus nombres: una aproximación a El cementerio más hermoso de Chile, de Christian Formoso

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Christian Formoso (Punta Arenas, 1971) es una voz clave de la poesía magallánica contemporánea. Profesor y Dr. en Hispanic Languages, Literatures and Cultures por Stony Brook University (NY) y miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua por Magallanes, ha publicado, entre otros libros de poemas, Walt Withman Mall (2020), El milagro chileno (2018), bellezamericana (2014) y El cementerio más hermoso de Chile (2008; reediciones 2015 y 2016), obra icónica de la literatura regional reciente, con un ensamblaje de largo aliento –casi cuatrocientas páginas- articulado en torno a un afán apuntado en las consideraciones finales del mismo libro: hacer de Magallanes una “visión comunicable”.

El cementerio más hermoso de Chile es entonces una exploración profunda a los claroscuros que forman la identidad regional, una indagación poética pero al mismo tiempo histórica, antropológica y mediática que configura una desmitificación radical de un territorio austral fundado en quimeras que poco a poco desnudan su efímera coraza. Esta idea se desliza desde el mismo título del libro, del cual se desprende la idea de la muerte como sello distintivo del territorio magallánico. Es un peregrinaje a través de naufragios, insurrecciones y genocidios lo que sugiere el texto de Formoso, con poemas que van desde fracasos fundacionales (Sarmiento de Gamboa y la tragedia de la ciudad Rey Don Felipe), los sinos de los pueblos originarios (cazados, enfermos y confinados de campos de concentración, pero también convertidos en suvenires e impersonales objetos de devoción popular) y las miserias urbanas del sistema neoliberal: violencia en las poblaciones, reality shows de estilo pionero, suicidas en el Parque María Behety y niños abandonados que inhalan aerosol en sitios eriazos.

Detrás de la pared de la iglesia / yo pinté el ese barco que yo pido / para Navidad, yo pido cien barcos / entrando en el Puerto antes / que yo sea grande quiero / y también cien barcos de juguete / y un árbol lleno / de cosquillas, de terror”.

Un rasgo representativo del texto de Formoso es la multiplicidad de voces y registros que construyen una narrativa ecléctica y dialógica, pero también apócrifa. Personajes históricos, héroes vencidos y transeúntes muertos exponen sus tragedias mediante epitafios, documentación forense, notas de prensa, bitácoras de viaje y correos electrónicos. Todas voces que visibilizan la precariedad de una historia desde siempre al borde de lo que significa ser chileno en términos a veces meramente declarativos.

Ahora entiendo los pobres huesos / la tibia, alfileres duros / como piedras que rugen. / Porque los huesos duran algo más en tierra / alejados del hombre / que cosa que toca se pudre / mi dios”.

La enumeración de tumbas, nichos y fosas comunes ocupan un papel central dentro del libro y cumplen un rol testimonial. Desde cada uno de esos rincones de inhumación susurra el dolor de seres humanos sepultados hasta la total invisibilidad, marginados de las páginas de la historia oficial y su artificial carácter épico. Quienes hablan en voz de Formoso son los grandes derrotados, los que conocen el fracaso desde la efímera memoria de sus propios huesos: indios abatidos, pobladores arrojados al mar, poetuchos provincianos, locos del hogar Miraflores. El carbono catorce de sus osamentas devuelve el sentido de la memoria, o como afirma Magda Sepúlveda, académica de la Universidad Católica, permite “entender que la memoria está ilegible y que por tanto, somos enfermos del mal de archivo”.

El cementerio más hermoso de Chile es un trabajo inagotable que pugna por rehacer la memoria oficial desde los occisos cuerpos de aquellos NN que construyeron Chile desde el estadio paleoindio hasta la hecatombe dictatorial y su devenir democrático “en la medida de lo posible”. La exhumación poética que propone Formoso ayuda a depurar los archivos dañados del quebradizo disco duro del historial magallánico, en gran parte corroído por fantasías afines a una explotación turística que se limita a clichés criollistas, paisajes de ensueño y dudosas gestas colonizadoras.

Hay un cordel en cada baño de cada casa, y de allí cuelgan las tumbas que lavan una vez a la semana. Mientras esperan que sequen, las esposas encienden velas, rezan y abren y cierran las cortinas, los domingos se levantan muy tarde y compran El Magallanes. De vez en cuando visitan el cementerio, hablan del día que vieron por última vez a sus abuelos, de los panes amasados que los viejos solían hacer, de los curantos y algunas frases que se quedaron en sus oídos. Un gato sobre un árbol los sorprende, un perro les ladra, pasa un avión y creen que es Dios”. (poema: Testimonio del indio que rehúsa decir su nombre, fragmento).

Miguel Eduardo Bórquez

Escritor

Licenciado en educación

Profesor de castellano y comunicación

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