Trabajo municipal y público en el área de personas mayores es percibido insuficiente y con muchas falencias
-Una de las críticas apunta a la diferencia entre una acción simbólica y una política pública efectiva.
Una celebración para los mayores puede generar cercanía y una buena imagen de forma instantanea, pero la calidad de una gestión municipal se mide por sus resultados, la continuidad de sus programas y el impacto real en la vida de las personas.
Una municipalidad comprometida con sus adultos mayores debería demostrarlo mediante una línea clara de abordaje de la problemática, con trabajo y acciones concretas, presupuesto y programas permanentes y mecanismos para escuchar sus necesidades. Si estos elementos son insuficientes, una actividad festiva aislada puede resultar desproporcionada frente a las demandas que siguen sin respuesta. Por que una parte significativa de ellos están en un virtual abandono.
Resulta profundamente preocupante que se destinen esfuerzos a celebraciones simbólicas, mientras los adultos mayores que no son activos, que no participan en organizaciones o que viven en situación de mayor vulnerabilidad parecen quedar relegados a un segundo plano.
Y cuando se cierra un hogar destinado a acogerlos, la preocupación sube de nivel, es aún mayor: ¿qué ocurre con aquellos adultos mayores que no tienen familia, que no cuentan con una red de apoyo y para quienes ese lugar representaba mucho más que un techo?.
Por que aquel espacio representaba compañía, protección y la posibilidad de vivir con dignidad.
Luego, en términos generales, envejecer con dignidad no puede depender de tener una familia que te cuide o se haga cargo tuyo, de contar con no pocos recursos económicos o de pertenecer a una organización que haga visible tus necesidades.
Los adultos mayores, especialmente aquellos que no tienen familia, que viven solos o que ya no son parte activa de la vida comunitaria, necesitan un Estado presente, que garantice cuidados, protección y condiciones de vida dignas.
Por eso, el cierre de un hogar destinado a acogerlos no puede ser una decisión que se tome sin considerar qué ocurrirá con quienes encuentran allí su único refugio, compañía y apoyo. ¿Quién se hará cargo de ellos? ¿Dónde encontrarán protección quienes no tienen a nadie?.
El cuidado de nuestros adultos mayores no es un favor, ni un acto de caridad: es una responsabilidad social y un deber del Estado. Una comunidad que celebra a sus adultos mayores, pero no garantiza el cuidado de quienes más lo necesitan, tiene una deuda pendiente con ellos. Porque la dignidad no se demuestra con una celebración ocasional o esporádica, sino con políticas públicas permanentes, recursos suficientes y una red de cuidados que no abandone a nadie.
Nuestros adultos mayores no necesitan solamente que los celebren. Necesitan que el Estado los cuide, los proteja y les garantice una vejez digna.
Por: Observadora Comunal