• 7 de agosto de 2020

A 100 años del asalto e incendio a la FOM

La noche del 27 de julio de 1920 se tiñó de sangre y fuego, en el conocido teatro “Regeneración”,  que pertenecía a la Federación Obrera de Magallanes. Los luctuosos hechos fueron protagonizados teniendo como victimarios a la “guardia blanca”, organismo autodefinido como “patriótico” que representaba a ganaderos y comerciantes de Magallanes, además de miembros pertenecientes a la policía y también a parte del destacamento Magallanes, del Ejército de Chile. Las victimas formaban parte de la Federación Obrera de Magallanes y quienes voluntariamente decidieron proteger la sede de la FOM durante esa fatídica noche.

Para comprender los acontecimientos es necesario entender que Magallanes estaba en manos de grandes latifundistas con intereses económicos desmedidos y que se enfrentaba a una organización de trabajadores con conciencia de clase y consecuente con sus principios fundamentales. La FOM, fundada el 11 de junio de 1911,  reunía a 5.847 asociados y poseía una imprenta, además de un teatro donde se generaban numerosas actividades culturales que iban en directo beneficio de todo el proletariado magallánico. La oratoria, la prensa y el teatro eran parte fundamental para la difusión de sus ideas.

En el plano concreto la FOM podía mostrar numerosos logros; agrupar a prácticamente la totalidad de los obreros de Magallanes, de los más diversos oficios. Instruir a los trabajadores mediante campañas de alfabetización y diversas actividades culturales. Editar y mantener un periódico quincenal “El Trabajo” órgano de difusión de la FOM. Alimentación de los obreros a todos por igual sin discriminación de clases. Colocación de pizarrones en el exterior de los almacenes, indicando el precio de los artículos en venta. Negarse a desembarcar bebidas alcohólicas, a las que consideran “un enemigo del pueblo”. Instalar una biblioteca popular, idea que a posterior se replicó en numerosas estancias magallánicas.

El asalto e incendio de la sede de la FOM dejó el trágico saldo de tres cuerpos de obreros calcinados que nunca pudieron ser identificados. Otro trabajador, Maurilio Moreno,  falleció a consecuencia de la tortura y golpiza a que fue sometido y uno de los asaltantes murió producto de una herida de bala durante el atentado. Los diarios tuvieron prohibición de salir de manera que la opinión pública no se informó sobre estos hechos.

La represión y la barbarie se extendió en los días posteriores con la detención, apremios y tortura de diferentes dirigentes obreros. Melitón Ojeda Eujenio relata que ese mismo día huyó hacia la calle Arauco y pudo refugiarse en la casa de Felipe de la Calle junto con Francisco López Hernández, Severo Gómez, Fortunato Guirú y otros. El domicilio fue allanado y sometido a diversas vejaciones en el mismo lugar, luego fueron enviados al cuartel policial, donde continuaron los apremios con amenazas de muerte, por parte del oficial Carlos Troncoso. El dia 28 de julio a las nueve de la noche fueron trasladados al juzgado de letras. Por tres veces serán conducidos al juzgado hasta ser dejados en libertad, pero esto no termina aquí el 15 de agosto las fuerzas policiales allanan su domicilio sometiéndolo a él y a su familia a todo tipo de maltratos.

Otro impactante testimonio es el de Ulises Gallardo Martínez, conocido en la zona de Ultima Esperanza como “el boca de yegua”, el 30 de julio su domicilio fue allanado por una numerosa fuerza policial, al mando del Subprefecto de Policía Ignacio Guzmán. Luego fue conducido a la comisaria ubicada en calle Waldo Seguel, donde fue brutalmente golpeado con golpes de puños y puntapies propinados por los inspectores Luis Román y Carlos Troncoso. Este último, además utilizó un rebenque para golpearlo.

El primero de agosto fue conducido  en un camión del batallón Magallanes que los dejó en la playa frente al taller Minerva, allí fue amordazado, atado de manos y pies con alambres y a cuyo extremo se unió una piedra de regular tamaño. Luego fue embarcado en un bote. Internados unos cien metros en el mar sus verdugos lo tomaron del cuello y los pies y fue brutalmente arrojado al agua. La fortuna quizo que ese no fuera el fin de sus días y empujado por la corriente salió a tierra. Finalmente pudo ponerse a salvo al llegar al hogar del obrero Leopoldo Rodríguez, quién le dio cobijo y protección.

El 11 de agosto se da inicio a la persecución contra Roberto del Pozo, se suceden diversos allanamientos en Cerro Castillo y Cancha Carreras. El 21 de noviembre es detenido en Puerto Natales. Sus captores lo torturan salvajemente y posteriormente lo abandonan en territorio argentino, ya que lo dan por muerto. Del pozo inicia una serie de denuncias, ante las autoridades argentinas por los ultrajes a que fue sometido, medidas que nunca llegaran a concretarse.

Dos años más tarde de estos luctuosos sucesos, aparece un folleto titulado “Los horrorosos sucesos del 27 de julio” y que lleva como subtítulo “incendio de la federación obrera de Magallanes y otros crímenes cometidos el año 20, relación llamada a ilustrar el criterio público”. El relato es firmado con el seudónimo de Marcolín Piado. Por primera vez los magallánicos pueden acceder a la versión de los obreros afectados.

Es la única voz que denuncia los atropellos que sufrió el pueblo magallánico un 27 de julio de 1920, hoy día se cumplen cien años de estos sucesos. La invitación nuestra, es volver a revisitar nuestra historia, sabiendo que hay voces engoladas, que vienen desde distintos sectores políticos que pretenden olvidar u omitir estos hechos.

Honor y gloria al movimiento obrero patagónico.

JORGE DIAZ BUSTAMANTE

PUERTO NATALES,  27 DE JULIO DE 2020

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