• 15 de agosto de 2022

Nuestra historia oculta. Los prostíbulos de Puerto Natales (Tercera parte)

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Por Observador

 

Los años treinta y cuarenta del siglo pasado fueron difíciles de vivir en Puerto Natales; la población no sobrepasaba los 8 mil habitantes. Dijimos en el capítulo anterior que la gran empresa de la tierra, la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, dueña de toda la extensión aprovechable para la actividad ganadera en Ultima Esperanza (más de 300 mil hás.), poco o nada le interesaba afincar familias aquí; traía hombres solos. 

Pero como alrededor de la gran industria de la ganadería iban apareciendo otras actividades económicas, comercio, locomoción, servicios náuticos – en el radio urbano- hubo que ampliar el plano debido a la construcción con nuevas viviendas de esforzadas familias, de una arquitectura muy elemental.

Testimonio de lo anterior son las calles Valdivia, Blanco Encalada, Ramírez y el ámbito de las calles intermedias. Son años de guerras mundiales y crisis económicas que hacen tambalear las aspiraciones personales y sociales. Hacia el año 1935 es tal el clima de beligerancias que en Natales, estalla una confrontación, de los sindicatos obreros con las empresas ganaderas y de los frigoríficos; la huelga estalló trayendo un período de inestabilidad laboral; son los años de mayor producción, los dos frigoríficos faenaban casi el 50 % del millón de ovinos de toda la producción de carne de Magallanes.

Ya a fines de los años 40, con la prohibición del gobierno argentino de faenar animales fuera del país, finaliza sus actividades el Frigorífico Natales (1948), provocando una fuerte cesantía local. Pero el sol para Natales comenzó a alumbrar más esperanzador, pues los argentinos,  comenzaron a explotar con mano de obra chilena las minas de carbón de Río Turbio  (1950) y construir un ferrocarril de trocha angosta que uniría Río Turbio con Gallegos para embarcar el carbón hacia Buenos Aires.

LOS MUSICOS DEL CORAZON

De aquellos años de mucha efervescencia social dejó su testimonio uno de los músicos más experimentados en animar las fiestas en las casas de tolerancia de la ciudad. En noviembre del año 2002, fue entrevistado en el periódico “Patagonia Mía”, Alberto Melitón Ojeda, representante de los llamados Músicos del Corazón.  En el artículo, respecto de estos artistas, se señala…”Ellos alegraron el corazón de muchos desdichados que llegaban a Natales desde los solitarios puestos ganaderos y de los lúgubres pabellones de solteros de Río Turbio. Fueron los testigos del desahogo de las pasiones humanas más bajas. Con sus ritmos románticos hicieron languidecer en tabaco y alcohol a muchas campesinas nortinas que llegaban a rehacer su vida en la Patagonia. Ellos también celebraron la partida del “ambiente” de aquellas mujeres de corazones solitarios que junto a un natalino siguieron recorriendo la vida y se quedaron para siempre”.

Alberto Melitón Ojeda, nuestro músico del corazón, entrevistado por el periódico “Patagonia Mía”, señala que cuando tenía 16 años compró un bandoneón de ocasión, muy aporreado. Gracias a su interés por la música lo logró dominar a la perfección; fueron dos años de muchos desvelos, junto al baterista Luis Díaz y al guitarrista Armando Quinán dan forma al conjunto “Los Bohemios”. Es así como en el año 1938 fueron contratados para animar las noches del cabaret de Candelaria Catriao. En el sector funcionaban otros prostíbulos como el “Royal”, el “Viña del Mar”, la casa de la Finá Cañas, el “Moulin Rouge” y el “Shangai” con un promedio de 8 a 10 asiladas.  

Recuerda, Ojeda “la mayoría de las niñas venían del norte del país, como este era un pueblo de muchos hombres solos, se casaban rápidamente con muy buen resultado, ya que incluso las venían a buscar argentinos del mineral de Río Turbio”.

Siguiendo con la entrevista a Ojeda en cuanto a los músicos de la época, “a don Alberto no le cuesta recordar a otros músicos del ambiente, pues entre ellos había muy buena comunicación. Por lo demás, cada prostíbulo tenía su propia orquesta. Si se trata de elegir al mejor pianista, el número puesto era Mario Hinojosa, murió de un infarto frente a los teclados del “Moulin Rouge”. De los trompetistas se queda con Timoni, de vez en cuando se juntaban para tocar con bandoneón y trompeta “España Cañí”, un exitazo aplaudido hasta el cansancio en los salones, a Timoni la bohemia le carcomió los pulmones y se fue al bombo sentencia en términos orquestales”.

Pero el show debía continuar y “aparecen un tal Vásquez bandeonista del “Moulin Rouge”; en acordeón  brillaba Eduardo Sorzona; el violinista Demetrio Cholo Díaz lanzaba sus compases hasta el amanecer junto a Pedrito Perotic frente al piano”.  Alberto Melitón Ojeda dice tener recuerdos borrosos de Inostroza, del argentino Casado y del Chancha Negra.

Hace ya varios años murió nuestro sobreviviente de los tiempos del “glamour” de la noche natalina cuando se cantaba “perfumes de rosas de la calle Prat, donde se toma vino con champagne”. Un grupito de casas aún quedan en la calle Prat entre O’Higgins y Esmeralda. Vendrán nuevos emprendimientos inmobiliarios, caerán los últimos vestigios del Natales pobretón y obrero; del Natales de los hombres solos que sobrellevaban sus sentimientos  embriagados por el alcohol y los salones regocijantes de percal, sedas y perfumes.

Alberto Melitón, ya en sus días finales en el paso por esta vida, confiesa en la conversación con “ Patagonia Mía” en el año 2002, que desde su desvencijada casa de la calle Chorrillos, en las noches de viento aún le parecía escuchar los sones de “Canaro en Paris”, “Falsa Moneda” y “ Abril en Portugal”, provenientes del barrio bohemio de Natales. Enfermo y entregado a su destino, sabía que esos compases estaban sólo en su imaginación, producto de su incomunicación con el mundo exterior, donde predominaban otras costumbres y otros compases.

Foto: Alberto Melitón Ojeda y su inseparable bandoneón

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