• 19 de abril de 2024

Cuando los chilotes invadieron América

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En una librería de Puerto Montt, frente al borde costero de la ciudad, encontramos el libro “Cuando los Chilotes Invadieron América” de autoría del profesor y escritor Luis Mancilla Pérez (Castro 1956) que nos cuenta la estremecedora historia de aquellos que no figuran, y que seguramente nunca estarán presentes en la historia oficial de Chile: el batallón de los chilotes, el batallón de los olvidados y desamparados. Su lectura nos permite redescubrir un pasado, desconocido para nosotros y los hechos dramáticos que involucra a una importante y generosa región de nuestro país.

Durante el proceso de independencia de la república de Chile, toda la zona del archipiélago de Chiloé era territorio español, puesto que desde 1768 dependía directamente del virreinato del Perú. Las milicias de Chiloé se originan para defender la corona española de los ataques de los corsarios y piratas; ingleses y holandeses, que navegaban los mares ejerciendo el robo y el pillaje en las costas que visitaban. Se trataba de un ejército de voluntarios mal armados y mal vestidos que en las fiestas patronales o el día del cumpleaños del rey o de la reina, tenían gran representatividad y desfilaban con gran pompa. “y desde allí salió a tambor batiente, abriendo la marcha la caballería, los oficiales orgullosos cabalgaron sable en mano recorriendo las seis calles de esa villa, lanzando incesantes vivas a la religión, a Dios y a sus majestades”.

Los milicianos eran reclutados entre jóvenes de 14 años hasta adultos de 50 se les entregaba un rifle, muchas veces en mal estado y 50 balas. En Chiloé predominaba el sistema de castas, así los oficiales eran pequeños terratenientes o comerciantes de origen español. Los criollos y mestizos, que ocupaban los cargos más bajos de la sociedad formaban parte de la tropa.

Los curas franciscanos se encargaban de enrolar a los milicianos mediante procedimientos no tan santos. En los sermones y las predicas, en los confesionarios convencían a los feligreses a formar parte del ejercito del rey, ofreciendo el cielo a los valientes y el infierno a los revolucionarios independentistas.

Al iniciar su travesía, su fuerza se componía de 378 soldados bajo el mando del coronel madrileño José Rodríguez Ballesteros. En 1813 el batallón de chiloé, invade chile por el puerto de Talcahuano, van premunidos de una bandera de combate con el escudo de Felipe V y la cruz de Borgoña. En 1814 el Batallón de Voluntarios de Castro participa en la Batalla de Rancagua, provocando la derrota de O’Higgins que debe huir con sus huestes. En esos tiempos era habitual que los integrantes de la tropa desertaran continuamente, la guerra de independencia no era la primera necesidad del populacho, además le era completamente ajena a sus intereses, por tanto se pasaban a uno u otro bando dependiendo del lugar donde estuvieran. Con el batallón de los Chilotes no ocurría lo mismo, el hecho de ser isleños, los lazos sanguíneos que existían entre ellos, algunos eran familiares directos, hermanos, primos, cuñados, etc. Hacía que fueran una fuerza cohesionada y disciplinada.

Los habitantes de la Isla inician así un periplo de aproximadamente 12 años que los llevará a participar en siete guerras, en cuatro países que en ese momento estaban en gestación; Chile, Argentina, Bolivia y Perú, participando en innumerables combates por que pocas veces fueron derrotados.

Esta es la historia no contada, la prodigiosa aventura humana emprendida por un grupo de chilotes que van a defender sus ideales y fidelidad al reino de España, que fieles a la corona, van a recorrer la mitad del continente a pie, o a caballo, o en buques, con el propósito de librar una guerra ajena, sin ningún reconocimiento a sus habitantes, campesinos de pueblos absolutamente aislados y olvidados por el mundo que mantienen una fe ciega a sus mandatos, que permanecen unidos hasta el combate final, donde reciben su derrota definitiva en Ayacucho (Perú) en diciembre de 1824.

Dos años después, el estado de Chile, organizó un ejército expedicionario con el objetivo de anexar Chiloé al territorio nacional. Las batallas en los campos de Pudeto y Bellavista logra el repliegue de las tropas chilotas hacia el interior de la provincia. Se firma el Tratado de Tantauco, ratificado por Freire y Quintanilla el 15 de enero de 1826, en cuyo primer artículo declara.

«La provincia i archipielago de Chiloé con el territorio que abraza, i se halla en poder del ejército real, será incorporado a la república de Chile como parte integrante de ella, i sus habitantes gozarán de la igualdad de derechos como ciudadanos chilenos»

El olvido fue la única recompensa que recibieron los pocos soldados del Voluntarios de Castro que pudieron regresar a estas islas. El profesor Luis Mansilla Pérez, realiza un acto de justicia al traer una página desconocida de nuestra historia.

JORGE DIAZ BUSTAMANTE PUERTO NATALES, MAYO 2019.

Fuente: Agrupación Mártires del 23 de Enero de 1919.

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