El Pequeño Gran Hombre
Nuestro querido amigo y entrañable personaje del periodismo y la política ha informado que, por fin, verá la luz una de las promesas más esperadas por quienes lo admiramos y apreciamos. Sí, por supuesto: el libro tantas veces anunciado tendrá su lanzamiento oficial el próximo 21 de julio en las dependencias del mítico Estadio Nacional, lugar donde Vladimiro vivió y compartió innumerables alegrías, pero también donde sufrió el infortunio de ser detenido y padeció los brutales apremios de los días posteriores al golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.
Este esperado acontecimiento también tendrá una réplica en Punta Arenas, en el marco de la inauguración de la Feria del Libro “Dinko Pavlov”, permitiendo que los magallánicos y magallánicas puedan acercarse a la historia y vivencias de uno de los grandes comunicadores de nuestro país.
Qué extraordinaria oportunidad para comprender, desde la primera fuente, cómo un niño de apenas diez años ya era capaz de transmitir al imaginario popular los entretelones, las emociones y las jugadas que nacían en una cancha de fútbol. Pero existe un elemento inseparable de esa pasión deportiva: la radio. Esas ondas sonoras que nos regalaron, y aún nos regalan, alegrías y tristezas, asombros y desencantos. Nada podría ser más fuerte que ese vínculo de amor entre la radio y quienes la escuchamos, quizás sólo comparable con el afecto profundo que sentimos por nuestra compañera o compañero de vida.
Un amigo de mi padre es también mi amigo. Nuestras vidas y el paso del tiempo, con sus luces y sombras, coincidieron en innumerables ocasiones. Sin embargo, hay una que permanece intacta en mi memoria. Fue en aquellos difíciles años setenta, en plena dictadura, cuando Vladimiro llegó a la humilde pero digna Escuela N.º 6 de Puerto Natales acompañado de dos gigantes de nuestro fútbol: Francisco “Chamaco” Valdés y Mario Galindo.
¡Qué momento para todos nosotros! Años después supe lo significativo que fue para Chamaco que un grupo de niños y niñas le cantara el “Cumpleaños Feliz”. Pero para mí aquel instante tuvo una emoción aún más profunda. Cuando Vladimiro le contó quién era mi padre, Chamaco se acercó y me abrazó. Un gesto sencillo, pero inmenso, que quizás buscaba aliviar, aunque fuera por un instante, los difíciles momentos que vivíamos como familia. Gracias, querido Vladimiro, por aquella muestra de humanidad que jamás olvidé.
Ya lo he dicho antes, pero vale la pena reiterarlo: nuestras vidas siempre se cruzaron bajo el signo de la transparencia y la franqueza que sólo existe entre los amigos verdaderos. Recuerdo especialmente una conversación sobre la necesidad de depurar el municipio de personas que no estaban allí para servir a la comunidad, sino para servirse de ella. Con la generosidad que siempre te ha caracterizado y con esa memoria privilegiada que posees, me explicaste que muchos de los cuestionados eran hijos e hijas de antiguos compañeros, y que no querías que perdieran sus fuentes laborales.
Lamentablemente, el tiempo terminó por confirmar muchas de aquellas advertencias. Aun así, sigo sosteniendo que tu gestión alcaldicia fue impecable, porque permitió preservar una visión de ciudad con profundo sentido social y popular, en la línea de alcaldes que dejaron una huella imborrable como Guajardo, Panicucci y González.
No quiero terminar estas líneas sin agradecerte el gesto y las palabras que dedicaste a mi padre en la entrada del Cementerio Municipal. Era lo que correspondía, y estoy convencido de que era también lo que él habría querido: las banderas de su partido acompañándolo y las palabras sinceras de un amigo y compañero de alegrías y tristezas; de luchas ganadas y perdidas; de sueños compartidos y convicciones inclaudicables.
Eran palabras nacidas del corazón y de la conciencia, pronunciadas por quienes supieron mantenerse firmes frente a la injusticia, la barbarie y la traición. Compañeros de consecuencia y valor que, pese a todos los pesares, permanecieron incólumes cuando tantos otros claudicaron.
Por todo ello, querido Vladimiro, este libro no es sólo una publicación más. Es también el testimonio de una vida intensa, de una memoria que pertenece a todos y todas, y de la trayectoria de un hombre pequeño en estatura, pero inmenso en dignidad, compromiso y humanidad. Un verdadero Pequeño Gran Hombre.
Por: Jaime Bustamante H.