• 23 de octubre de 2021

Tierra del Fuego era de propiedad de José Nogueira y su esposa Sara Braun. Más tarde la propiedad de dicha sociedad incorporaría a la transnacional Duncan Fox

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Nota del editor: Agreguemos que cuando José Nogueira estaba tramitando el arriendo de un millón de hás en la isla, el hábitat de los onas desde tiempos pretéritos, quienes hicieron el “lobby” ante el Presidente Manuel Balmaceda fueron los oficiales de la Armada, Manuel Señoret y Ramón Serrano Montaner.

Para entender esta tercera carta que entregamos en extenso a nuestros lectores, citamos al sociólogo Joaquín Bascopé Julio quien dice “En este sentido, la modernidad que caracterizó la gestión de Señoret era la que, a su manera, representaban los salesianos al interior de la iglesia católica. No sorprende que, al compartir un territorio, la moral laica y religiosa se enfrentaran. Y en la misma lógica administrativa entendemos, el interés del gobernador por importar en lugar de salesianos comerciantes, franciscanos con votos de pobreza”. Agrega que cuando los 160 fueguinos llegan a Punta Arenas una comisión, “dirigida por laicos adictos a Señoret” hayan recurrido rápidamente a la caridad de los vecinos para vestirlos e impedir que sigan ofendiendo la moralidad pública.
Aclaramos que esta carta es una reacción de Fagnano, ante el artículo publicado por Ramón Serrano Montaner, titulado “La trata de indios en Magallanes” en el periódico capitalino “La Libertad Electoral” (23.12.1895).
Nuestro colaborador, el sociólogo natalino Ramón Arriagada, nos ha prometido hacernos llegar el documento precitado, en cuanto sea posible tener acceso a la Biblioteca Nacional, con restricciones de acceso de público por la pandemia.
Agradecemos la recepción de estos contenidos por nuestros lectores. No la habíamos imaginado. Es evidente que con estos contenidos entramos a una fase apasionante del asunto indígena. La toma de posiciones respecto de la domesticación humana en los territorios de la Patagonia.

 

LOS ASUNTOS DE MAGALLANES. QUE ES LO QUE HAN HECHO Y HACEN LOS SALESIANOS EN LAS MISIONES.

Fuente: Diario «El Chileno» . Santiago de Chile 4 de enero de 1895.
CONCLUSIÓN FINAL
CARTA ABIERTA. CONTENIDO O TRANSCRIPCIÓN.

Señor don Ramón Serrano Montaner
Parecemos haber dejado contestado en mis cartas anteriores, los principales cargos y acusaciones que hace usted a los Salesianos. Procuraré hoy pasar revista a las demás a fin de que no quede ninguno sin su correspondiente examen.

“Todo hacía suponer, dice usted, dado los abundantes recursos con que contaba la misión de los Salesianos, que sus buenos efectos no se harían esperar; pero no fue así, y transcurrieron los años sin que sus buenos resultados se hicieran notar en lo menor, en cambio se veían crecer rápidamente las riquezas de la Misión”. Los abundantes recursos de la Misión los había visto el señor Serrano en sueños, tal como vio la corriente de Libras Esterlinas que se estableció entre Punta Arenas y la Isla Dawson. Si se tratara de dar de comer a un hombre, y me entregara el señor Serrano seis mil pesos, no cabe duda que el que hubiera sido testigo de la acción generosa del señor Serrano, diría que me había dado abundantes recursos, pero si se tratara no solo de dar de comer, sino de vestir, educar, cuidar no a uno sino a trescientos, y levantarles casas donde se alberguen, e iglesia donde rindan culto a su Dios, y Escuelas donde eduquen a sus hijos, y talleres donde se inicien en el aprendizaje de algún arte u oficio, ¿cree el señor Serrano que me hubiera dado demasiado?

EL DIFICIL MANTENIMIENTO DE LAS MISIONES

¿No sabe además el señor Serrano que los indios y los Salesianos, comen como todos los demás hombres los trescientos sesenta y cinco días del año?. Siendo, pues, tantas las personas que piden sustento, ¿no le parece a usted que yo cometería un crimen, si me expusiera a dejarles faltar el sustento por un solo día siquiera? ¿Cómo pone el grito en el cielo, y nos llama interesados porque tenemos en Dawson unas cinco mil ovejas, cuyos cueros y lanas apenas alcanzan a cubrir una mínima parte de los gastos? , ¿Serán esas quizás las riquezas de la Misión que han crecido tan rápidamente? .
Porque no sé, qué fuera de esas cinco mil ovejas, en cuyo cuidado tenemos ocupados a los mismos indios, haya allí otra clase de riqueza. ¡Ojalá las hubiera!. Que sea así no hubiera tenido que llegar hasta Europa en busca de personal y de recursos, cosas ambas que por más que usted no lo crea, no he podido hallar aún aquí en Chile en medida suficiente.
No sé qué entenderá el señor Serrano por buenos efectos. Si por buenos efectos entiende convertir como por arte de encantamiento a un indio en hombre civilizado, donde luego le concederé que aún no hemos llegado a obrar prodigios de tal naturaleza, ni llegaremos nunca; pero si entiende por buenos efectos o adelantos, civilizar poco a poco a los salvajes y hacerlos adquirir hábitos y costumbres de trabajo no tiene más que ir a Dawson o a Punta Arenas, o leer cualquiera de las descripciones que se han hecho en los diarios de los progresos observados en los indios de la Misión.

¿Aún no ha llegado a conocimiento del señor Serrano que en Dawson, a más de las escuelas para los niños y para las niñas, hay talleres de carpintería y zapatería donde se enseña a los indios?. ¿No sabe que ellos mismos se ocupan de cuidar el ganado, en desmontar el bosque, en levantar cercos, construir paredes y todo en la medida de su habilidad y de sus fuerzas?
¿No sabe que hasta las mujeres mismas aprenden a lavar, coser, bordar, planchar, hacer otros trabajos domésticos, y hasta a tejer bajo la dirección de las hermanas?.

LA DIFICIL EDUCACIÓN DE UN ABORÍGEN

¿Y sabe el señor Serrano lo que importa educar a un indio?. ¿Ha probado quizás alguna vez darles alguna enseñanza o explicación para ver como le comprendían?. ¿Pues si lo sabe no me negará que es tarea sumamente difícil, y que sólo una paciencia que no da Dios a todos, consigue vencer esas dificultades. Si hasta para conseguir que un indio se lave la cara y permanezca aseado, hay que insistir y luchar meses enteros ¿qué diremos cuando se trata de hacerle aprender algo que requiere tal cual atención y cuidado?
A pesar de esto, señor Serrano, hay indios en la Isla y fuera de ella, que se desempeñan muy bien como ovejeros, peones, marineros, y admírese usted, hasta como Músicos, ¿No han llegado a sus oídos las noticias de nuestra Banda de Fueguinos? Pues bien, ella fue la primera que hizo oír las alegres notas de los instrumentos de bronce a los habitantes de Punta Arenas y aún hoy día forma la admiración de cuantos tienen la facilidad de oírla. No hay viajero que pase por Punta Arenas que no vea a esos pequeños músicos con placer como quiera que forman una de las cosas únicas y raras que se pueden ver en Chile y que le honran ante el extranjero.
¡Buenos Efectos y Adelantos! ¿Y no son Buenos Efectos y Adelantos, señor Serrano, el ver que hoy día se levanta una población, con sus casitas, su capilla, sus calles delineadas, su Cementerio, sus pequeñas industrias, allí donde hasta ayer no se oía sino el grito del salvaje, ahogado por el furor del viento y el rujido de las olas? Pues, si eso no son Buenos Efectos y Adelantos, no sé a qué cosas calificará usted con ese nombre.

PESE A LAS FECHORÍAS DE LOS INDÍGENAS

Todavía queda algo en su artículo, que no sé como calificar. “A pesar de la grande influencia civilizadora de la Misión, sigue diciendo, las haciendas establecidas en la Isla Grande continúan siendo víctimas de los asaltos y robos en grande escala, perpetrados por los indígenas, sin que los Padres Salesianos dieran muestra de que aquello les importara gran cosa”.
Por la visto pretenderá usted que los Padres Salesianos, convertidos en esbirros, armen la Guardia en toda la extensión de las costas de Tierra del Fuego y en su interior, y den caza como a fieras a los salvajes para conducirlos después, por amor o por fuerza, a la residencia de Dawson, que según su teoría, deberíamos convertir en cárcel.
¡Peregrina Idea!

Los Salesianos jamás han soñado en semejante cosa. Van sí en busca de los indios, y varias veces por año los Misioneros recorren algunos de los canales y la Isla Grande, y tratan de convencer a los indios que encuentran de que se recojan en Dawson, pero nunca los fuerzan a ello. Y aún cuando están en la isla lo dejan libres de salir o quedarse como mejor les plazca.
No es la Isla una prisión ni cosa que se les parezca; los indios que van allí, van por su propia y espontánea voluntad, y luego, depende del buen trato y de los esfuerzos del Misionero, el conseguir que aquellos cobren amor a la vida social allí establecida.

LA DIFERENCIA DE CIVILIZAR UN ONA DE UN ARAUCANO

Es un error, asimismo, el creer que la civilización de los fueguinos es una empresa relativamente fácil. “Un piquete de caballería, dice usted, podría fácilmente, durante una o dos temporadas de la estación favorable, recogerlos a todos y remitirlos a Punta Arenas, etc.” No dudo que esto se podría hacer, aunque no tan fácilmente como usted cree, para después conseguir con esta diferencia los mismos resultados que se han conseguido en el primer ensayo de civilizar indios en Punta Arenas.
Si la tarea de reducir a los indios Onas, aunque los más numerosos, sería relativamente fácil, como dice usted, no sucedería lo mismo con los Yaganes y Alacaluf, dispersos en los canales e islas de la Tierra del Fuego; por esto es que decía yo en primera carta, que no cabía comparación entre el trabajo que exige la civilización de los Araucanos y la de los Fueguinos.
Estos viven dispersos, son de inteligencia obtusa y no han estado nunca al contacto del hombre civilizado; al paso que aquellos forman una raza fuerte y valiente, saben trabajar, tienen de qué vivir, y sino fuera porque la ociosidad y el abuso del licor han enervado mucho sus costumbres y corrompido su carácter, bastaría un poco de instrucción para hacer de ellos hombres útiles como quieran que revelan en su mirada no escasa inteligencia.

EL FRACASO DE SEÑORET AL LLEVAR ONAS A PUNTA ARENAS

Pero ya es tiempo que de fin a estas cartas, que han salido más largas y numerosas de lo que creía. Yo se que las razones y las pruebas que aduzco en mi defensa no bastarán para llevar a su ánimo el convencimiento, porque conozco cuáles son los móviles que han guiado su pluma, pero me basta haber dejado sentada la verdad para que pueda servir de norma a los espíritus imparciales.
Creo haber dejado suficientemente esclarecidos los hechos siguientes:

1o. Que el Gobernador de Punta Arenas, señor Señoret, ha cometido un grave error, condenado por todos los hombres de buen sentido, al llevar ciento sesenta y cinco indígenas a Punta Arenas, sin tener dónde alojarlos ni medios para atenderlos.
2o. Que dichos indígenas, en lugar de ser aliviados o haber ganado algo, con la traslación, han visto centuplicadas sus desgracias, yendo algunos a morir allí de enfermedad, y otros de mal humor y de tristeza al serles arrebatados sus hijos, y los restantes han ido vagando por las
calles de la población, ofreciendo espectáculos bien tristes por cierto, y como es de suponer, sin provecho alguno para ellos mismos ni para los demás, y que aún en la actualidad allì están esperando asistencia de alguna mano bien hechora.
3o. Que hubiera podido evitarse todo eso enviando los indígenas a Dawson, donde ha habido y hay Salesianos dispuestos siempre a recibirlos, cuidarlos, instruirlos, alimentarlos y vestirlos, no por un día, sino por años enteros, y entiéndase bien, sin remuneración obligatoria de ninguna clase, recibiéndose solo a título de limosna lo que las personas caritativas quieran dar para el sostén de la obra tan humanitaria y patriótica que los Salesianos tienen entre manos.
4o. Que ni los Salesianos habían de recibir de la Sociedad Explotadora una Libra por cada indio que ésta les entregara, no significaba eso que no los hubiera recibido sin dicha limosna, pues
sin ella se han recibido y se recibirán siempre todos los indios que se remitan a Dawson. ¿Qué representa, además, una Libra, en la suma de gastos que ocasiona la alimentación, vestidos y cuidados de una persona? Un poco de buen sentido basta para ver que es ridícula la afirmación de la corriente de Libras Esterlinas de Punta Arenas a la Isla de Dawson que se hubiera establecido con la entrega de doscientos y tantos indios.
5o. Que la oposición y la guerra que he movido han tenido por causa ya la mala voluntad y el espíritu de secta, ya el interés y las pasiones.
6o. Que las pretendidas riquezas de los Salesianos están ahí siempre prontas a la fiscalización del primero que se presente, y que de los capitales que encuentre amontonados en los Bancos o en nuestro poder, le permitiremos disponer a su gusto, después que hayamos pagado el pan de cada día.
7o. Que las subvenciones del Congreso y las limosnas recibidas en Chile han sido empleadas todas, hasta el último centavo, en beneficio de los salvajes, y si no se cree, ahí está la Isla de Dawson, siempre accesible a todo el mundo, donde se hayan recogidos más de doscientos y donde se podrá comprobar la verdad de mis asertos.
Con esto y con lo que llevo dicho en mis cartas anteriores, creo haber dejado establecida la verdad.
Por esto me despido de usted y me declaro S.S.S.y C.

MONSEÑOR JOSÉ FAGNANO,
Superior de las Misiones de
Magallanes y Tierra del Fuego.

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