ASUSTANIÑOS
Asustaniños o, asustachicos, es el nombre que antropólogos, folkloristas e historiadores sociales han otorgado a una serie de entes o personajes inclasificables, la mayoría ficticios, a menudo disruptivos o simplemente aterradores, que utilizan los padres para mantener disciplinados a los niños más traviesos o bien para adoptar conductas adecuadas a las normas de buena educación.
Todos recordaran al Coco un personaje ambiguo de características indefinidas, que poblaba en la oscuridad. Ese territorio de tinieblas donde serían arrastrados los niños que no se querían comer la sopa y también aquellos que se resistían a irse a la cama. Tal era la popularidad de su figura que existe una inquietante nana que dice así: Duérmete, niño/ Duérmete ya/ Que viene el coco/ Y te llevará/ Duérmete, niño/ Duérmete ya/ Que viene el coco/ Y te comerá.
La presencia del coco se registra en las civilizaciones más antiguas. Desde Europa se trasladó a América. Entre los esclavos negros que llegaron al continente existía el Kuku, el Kukui entre los zapatecas y el cuco en Puerto Rico. Fueron los navegantes y comerciantes portugueses quienes lo llamaron coco, a finales del siglo XV por la similitud del fruto en cuestión con una cabeza humana.
En diferente aspecto, la palabra coco se refiere a la salud mental, el dicho “le comió el coco”, se refiere a alguien caviloso o apesadumbrado por las preocupaciones. Y también la expresión “está cucú” sugiere que el indicado perdió la razón.
Otro de aquellos siniestros personajes era el viejo del saco, que raptaba a los niños, los metía en una bolsa y se marchaba a destinos desconocidos. Esta creencia es de carácter universal, también es llamado; el viejo de la bolsa (en Italia es “el vecio col sac”), el hombre del costal, el ropavejero. En el imaginario infantil se presenta un hombre desgreñado y rotoso, de mirada torva, que circula por el vecindario en busca de niños extraviados, para hacerlos desaparecer. Todo esto tiene su correlato verídico en horrendos crímenes que han ocurrido en diferentes países.
En España[] en la provincia de Almería en el año 1910. Francisco Ortega, el Moruno, acudió a Agustina Rodríguez y a Francisco Leona, quería curarse de la tuberculosis. El último le ofrece la ingesta de sangre de un niño. Diseñan un plan para secuestrarlo. Para ello llaman a Julio Hernández, hijo de Agustina, que se le conocía como «Tío del saco». Raptan a un niño de siete años, el Moruno bebe de su sangre y le aplastan la cabeza con una piedra, para posteriormente sacarle la grasa y aplicarla en el pecho del enfermo como práctica curativa. Este caso es considerado uno de los más escalofriantes en la historia criminal española.
En Buenos Aires a principios del siglo XX quien asoló la ciudad fue “el petiso orejudo”, el primer asesino serial que se tiene registro en la historia de Argentina, su nombre Cayetano Santos Godino, responsable de la muerte de cuatro niños, acusado además de siete intentos de homicidio a menores de edad y por si fuera poco del incendio provocado en varios edificios. En 1923 es trasladado a la cárcel del fin del mundo, el penal de Ushuaia, en Tierra del Fuego. Allí encontró su final el 15 de noviembre de 1944. Se dice que los presos lo golpearon hasta matarlo, luego que el desdichado diera muerte al gato que era la mascota de los reclusos.
El listado del terror no es menor, a seres intangibles, presencias incorpóreas asociadas a la oscuridad (Debemos entender que en aquellos años las calles adolecían de buena iluminación, lo que propiciaba la proliferación de entelequias distantes), como el “perro de las botas”, la “viuda negra”, brujos y duendes que cometen todo tipo de tropelías en los establos y las casas.
A ellos se une un grupo de personajes notables, son individuos marginales, con características particulares, que corporizan estos temores y que de cierta manera conforman una nueva e inexplorada identidad regional.
En Punta Arenas vivía la “Araña Peluda”: lúgubre personaje para los niños de mediados del siglo pasado. Siempre se le veía en la playa, era acompañado por un montón de perros. Tenía una ruca hecha con cartones y arpilleras al final de calle Maipú en esa época, allí se encontraba el basural. Tenía por compañera a una pequeña mujer a la que le decían Cuere-Cuere. Otra de estas personalidades era la Canguro: anciana que merodeaba entre las poblaciones Mardones, Chaparro, Barrio Prat, y Cecil Rassmunsen. Siempre andaba con un gran saco en cada mano, y agarraba a piedrazos a los niños. Cuentan los vecinos que le pusieron ese apodo porque corría dando saltitos.
En Puerto Natales vivía un señor con sus facultades mentales perturbadas, para sustentarse picaba leña en los patios de las casas, a cambio de unas monedas. Los niños de la época gritaban a todo pulmón ¡“Raja salada”! y había que salir corriendo a toda prisa, puesto que este hombre los correteaba por la calle, con intenciones de tomar venganza. Intentando golpearlos nada menos que con el hacha. Afortunadamente nunca atrapó a ningún niño.
También estaba el indio Domingo, de raza alacalufe, apodado el “Chonqui”. Aficionado a la bebida asustaba a los niños con su dialecto kawescar. Se cuenta que concurrió al frigorífico Bories y tomando una pala se puso a trabajar codo a codo con los obreros. El capataz, le indicó que debía retirarse porque no era funcionario del establecimiento. Como se negó, acudió el administrador, quien intentó en vano disuadirlo. Domingo trabajó, ganó dinero, se compró ropa y un par de botas, pero siguió bebiendo. Pereció trágicamente una noche de borrachera cuando regresaba a casa. El fuerte viento reinante derrumbó un muro que lo aplastó.
Se podría colegir que, en los tiempos actuales, la oscuridad, la intolerancia y la superchería se baten en franca retirada. Que la modernidad avanza, pues lamento contradecirles, crecen nuevos y urgentes miedos, que se transforman en nuevas entidades: El chupacabras, los extraterrestres, el hombre polilla y una perturbadora identidad entregada por el cine actual, que traspasó la frontera de la pantalla: Freddie Kruger.
Tenemos que agregar también que, para una sociedad de gestos perdidos, el miedo se traduce en alienígenas que arrebatan los privilegios de las clases acomodadas. En los K-pop asociados a mensajes indescifrables, claves que sólo pueden entender los enemigos del orden. Octubristas que aspiran a utopías que el hombre sueña a través de la historia. En jubilados que en algún momento se manifestarán en las calles de la república.
Es posible, que a pesar de esto y de todo, el universo que habitamos pueda tener algún sentido.
DIAZ-BUSTAMANTE-JULIO 2025.