DEL LENGUAJE DEL PUEBLO
En Santiago, en el año 1946, la Imprenta Cultura publicó el libro titulado “Del lenguaje del pueblo”. Se trata de una recopilación de dichos, refranes y proverbios de uso en el habla popular. En un pequeño libro de 34 páginas, se reúnen la cantidad de trescientas treinta alocuciones que resume la experiencia y sabiduría popular; el habla coloquial, el ingenio y la picardía de la expresión del mundo cotidiano.
Para esos años la región de Ultima Esperanza reunía características especiales, la economía se centraba en las faenas ganaderas. A ello se unía el aislamiento geográfico y una escasa población, con un alto índice de trabajadores provenientes de Chiloé, lo que motivó el surgimiento de un lenguaje y expresiones propias de la zona que conformarían el “habla magallánica”.
Estas circunstancias permiten desarrollar un trabajo inédito. Hasta ese momento; el registro de expresiones de uso común en el lenguaje cotidiano que está vinculado con lo más tradicional de la lengua hispana y que se reproduce en un lugar aislado en el sur del mundo. Por tanto, estamos ante un trabajo pionero en nuestra región en esta materia.
El texto nos invita a iniciar un viaje por las intrincadas historias y complejas tradiciones del lenguaje. Los dichos y refranes tienen la particularidad de ser anónimos. Desde la antigüedad su transmisión se realiza de boca a boca en el habla popular. Por la particular dinámica de la oralidad, algunos de estos dichos han quedado obsoletos, aparecen otros nuevos y algunos alcanzan nuevas dimensiones al adaptarse a los códigos de la memoria colectiva. Las creaciones de estos refraneros reflejan una herencia de la lengua española que llegó a America, para a su vez enriquecer este legado con nuevos aportes del ingenio del pueblo.
El escrito a modo de manual, se encuentra debidamente numerado del 1 al 330, para registrar los refranes, dichos o proverbios del recopilador. Desconocemos el criterio utilizado para su compilación, a nuestro juicio se trataría de una muestra aleatoria, recogida en el ejercicio diario del lenguaje. Cada aforismo o conseja popular, tiene además la interpretación que da el propio autor a estos contenidos.
Miguel de Cervantes, escritor, poeta y soldado, una de las figuras más importantes de la literatura en lengua hispana, autor de “El Quijote de la Mancha”, considerado el precursor de la novela moderna, registra en su obra una serie de refranes y expresiones populares que coincidentemente aparecen también, con algunas modificaciones en el libro que nos ocupa.
Veamos algunos ejemplos que nos demuestra como perdura la tradición oral a través de los siglos. Observemos que la obra de Cervantes fue publicada en 1605 y 1615:
“Ojos que no veen, corazón que no quiebra” en Don Quijote, la versión de Gallardo, numeral 17, dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”, la interpretación que otorga el investigador es la siguiente: “Cuando ocurre un hecho, que el afectado no ha visto”.
Del castizo dicho en Don Quijote de la Mancha: “Dijo la sartén a la caldera; quitaté allá ojinegra” pasamos a lo recopilado por Ulises Gallardo, numeral 7: “El sartén le dijo a la olla: ¡Quitaté y no me tiznes! Y cuya explicación entregada por el autor es: “Significa reprochar a otro por defectos que también tenemos”.
Veamos otro ejemplo: “Muchos van por lana y vuelven tresquilados” en el español antiguo a lo que se transforma en lo local, numeral 97: “Fue por lana y volvió trasquilado”, lo que se describe como: “Se dice por la persona que busca la manera de acomodarse y obtiene resultados contradictorios, y también para aquellos que pretenden engañar a otro y lo engañan a él”.
El destacado filólogo Agustín Cannobbio recopiló en 116 páginas “Refranes chilenos”, investigación que salió a la luz en 1901. En su presentación señalaba: “El refrán lo usan en Chile rara vez los cultos, de vez en cuando la clase social llamada de “medio pelo”, mas a menudo nuestro jovial huaso y el no menos agudo roto”.
Revisemos el siguiente adagio, que aparece en este citado libro; “Ni mui adentro que te quemes, ni mui afuera que te enfríes”. En el texto que nos ocupa aparece como; “Ni muy adentro que te quemes… Ni muy afuera que te hieles” (8). Se aclara de la siguiente manera; “Se dice para insinuarle a otros que no debe ocuparse por entero de algún problema determinado, ni tampoco despreocuparse por completo”.
Muy interesante nos parece el siguiente refrán recopilado; “Alábate, Molina, que el día te corre”, en referencia al prestigioso abate Molina, en comparación con lo recopilado por Gallardo; “Agarraté Catalina, que vamos a galopar” (228) la musicalidad de las palabras y las consonancias de los significados son claramente evidentes. Se nos explica que; “Se dice cuando se va a producir o iniciar algo grave o de importancia”.
Gallardo nos presenta otros dichos más prosaicos que no necesitan mayores explicaciones, solo por mencionar algunos: “Mea fuera del tiesto” (46), “arrastrando el poncho” (107), “la embarró” (222) y aquí una expresión que era muy utilizada en los años setenta “bájate, Pacheco” (49) lo que se usaba cuando alguien comenzaba a agrandarse, notificando cualidades que estaban en su imaginación. Muchos recordarán que este mismo dicho se cambió por “bájate, Copito”, siendo el popular Copito un quiltro de dudoso pelaje, lo que daba a esta expresión un declarado tinte humorístico.
El autor del mencionado texto Ulises Gallardo Martínez. Era un reconocido líder Obrero, dirigente sindicalista, político combativo y combatido. Hombre de teatro y letras, director en uno de sus periodos del periódico “El esfuerzo”. Sufrió la represión y tortura durante los luctuosos hechos del incendio de la Federación Obrera de Magallanes ocurridos el 27 de julio de 1920. En el pueblo era conocido como “El boca de yegua” esto debido a su amplia dentadura y a su propensión a reírse a grandes carcajadas en las tertulias con sus amistades.
El poeta Marino Muñoz Lagos, en una breve crónica publicada en mayo de 1996 manifiesta: “Tuvimos el agrado de conocer a Ulises Gallardo en los viajes que realizaba continuamente a Punta Arenas. Nos presentó el escritor Osvaldo Wegmann, quien era su amigo desde los tiempos en que residió en Puerto Natales. Allí fueron colegas de periodismo, porque ambos fueron atraídos por la tinta de imprenta en una ciudad donde se publicaban numerosos periódicos de índole político, – social, deportivo y noticioso”.
Estamos trabajando para hacer una recuperación total del texto “Del lenguaje del pueblo” y poder entregarlo por este mismo medio, en el entendido de que es una obra pionera en este género y que contribuye al conocimiento general de esta zona.
DIAZ-BUSTAMANTE
FEBRERO 2025.