• 3 de junio de 2026

El individualismo y sus negativas consecuencias en el sindicalismo chileno

 El individualismo y sus negativas consecuencias en el sindicalismo chileno
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Por: Carlos Subiabre Ruiz

Una serie de factores ha trastocado a los sindicatos, reduciendo sus capacidades a una mínima expresión de fuerza colectiva. A ello se suma la falta de legislación orientada a regular aspectos funcionales de las organizaciones sindicales.

El sindicalismo en Chile atraviesa una de sus etapas más frágiles desde el retorno a la democracia. Las causas son multifactoriales, pero hay un elemento transversal que explica gran parte del debilitamiento. El factor predominante se identifica como «individualismo» y que, avanza en forma sostenida en el mundo del trabajo.

El plan laboral de 1979 marcó un antes y un después. Desde entonces, la negociación se redujo al ámbito de la empresa, la huelga se transformó en un derecho condicionado y se instaló la lógica de la individualización por sobre la fuerza colectiva. Aunque han pasado más de 35 años desde el retorno a la democracia, este cerrojo institucional sigue pesando sobre la fuerza de los sindicatos. Las secuelas continúan agrietando las organizaciones sindicales y la legislación laboral no ha sido lo suficientemente robusta como para fortalecerlos.

El modelo económico instalado en dictadura y profundizado en democracia configuró al trabajador no como parte de una comunidad, sino como un “emprendedor de sí mismo”. Bajo esta lógica, el empleo dejó de percibirse como un espacio colectivo y se transformó en un terreno de competencia individual, donde el objetivo central es alcanzar retribuciones económicas ligadas al cumplimiento de metas productivas o el ascenso en la carrera funcionaria.

En este escenario, muchos trabajadores miran al sindicato no como un espacio de identidad y solidaridad, sino como una herramienta útil para acceder a beneficios económicos establecidos en los convenios colectivos, sin involucrarse activamente ni identificarse con los principios y valores de la organización sindical. El sindicato se convierte en una oficina de trámites más, y no en el espacio de construcción política y social que fue históricamente hasta antes del golpe militar de 1973. La pérdida de la democracia tuvo consecuencias para el mundo laboral. La dictadura limitó el derecho a organizarse, fragmentó la negociación colectiva y redujo la fuerza de los trabajadores frente a los grandes empresarios.

El individualismo también ha penetrado las dirigencias sindicales. La fragmentación interna de las directivas, las disputas personales y la competencia por cargos han derivado en la incapacidad de sostener proyectos colectivos que trasciendan en el tiempo. En muchos casos se evidencia un sindicalismo atomizado y debilitado, sin capacidad real de negociación frente al empleador, limitando sustancialmente el alcance de las metas propuestas.

El relato del mérito ha reforzado la tendencia individualista. Los logros laborales se atribuyen exclusivamente al esfuerzo personal, dinamitando el cimiento de la plataforma sindical, constituida principalmente por el valor de la solidaridad y unión de los trabajadores.

Como consecuencia, los sindicatos se han ido segregando. Los afiliados activos se vuelven un grupo reducido, aislado y muchas veces estigmatizado con ideologías políticas de izquierda. Mientras la mayoría se mantiene al margen y observa con distancia el desarrollo de los acontecimientos del trabajo sindical.

A esta crisis cultural se suma un problema institucional; la falta de actualización estatutaria. Muchos sindicatos operan con normas internas desfasadas, que no dialogan con los cambios sociales ni con las nuevas formas de empleo. La ausencia de reformas estatutarias se convierte en un problema silencioso, pero devastador. Los sindicatos no logran renovarse, pierden legitimidad ante los trabajadores que los integran y se vuelven rígidos en estructuras que ya no responden a las necesidades del trabajador actual.

El sindicalismo chileno necesita reconstruir el sentido de comunidad frente a la narrativa del individualismo. Actualizar los estatutos obedece al objetivo de dar un nuevo aire a la vida interna del sindicato y, estructurar un nuevo ordenamiento que permita proyectar la fuerza sindical hacia el futuro.

Porque sin reformas legislativas profundas, estructurales y que inviten a la participación y compromiso de los trabajadores, lamentablemente los sindicatos seguirán debilitándose en silencio, hasta volverse irrelevantes.

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