La caída del miedo
Poco más de cuatro años han transcurrido desde que un joven Gabriel Boric derrotara en las urnas a José Antonio Kast. En ese entonces, Kast se encumbraba como el máximo exponente político de la ultraderecha chilena, en un escenario donde aún no existía el Partido Nacional Libertario, que hoy dice situarse incluso más a la derecha de quienes a mi juicio se han autodenominado erradamente como “republicanos”.
Aquella derrota caló hondo en la derecha tradicional y en la derecha más extrema. Ya en la antesala de la elección presidencial de 2021, el relato dominante en ese sector advertía que la coalición política vinculada al Partido Comunista, una vez alcanzado el poder ejecutivo, no querría abandonarlo. En el fondo de esa narrativa aparecía un miedo profundo: el temor de perder la democracia recuperada en 1990, tras diecisiete años de dictadura. Sin embargo, hoy 10 de marzo de 2026 los medios de comunicación han copado su agenda con la cobertura del traspaso de mando entre el presidente en ejercicio, Gabriel Boric, y el presidente electo, José Antonio Kast, dando estricto cumplimiento a las tradiciones de la República y ofreciendo una señal clara de normalidad democrática. En consecuencia, el relato de una supuesta “dictadura de izquierda” en Chile queda expuesto como una exageración que la realidad ha desmentido. Podría denominarlo como la primera mentira desbloqueada.
Durante estos años, la estrategia política de la derecha fue aprovechar su mayoría en el Congreso Nacional. El partido de José Antonio Kast se mostró intransigente de principio a fin. “Ni sal ni agua”, como dice el dicho popular. A ello se sumó la derrota del primer proceso constitucional y los propios errores del gobierno. Uno de los hitos más relevantes fue la decisión del presidente Boric de privilegiar la estabilidad económica por sobre la posibilidad de un cuarto retiro del 10% desde las cuentas de capitalización individual. Aquella decisión provocó una fragmentación política significativa y contribuyó a debilitar el proceso constituyente liderado por la izquierda. Otra derrota importante fue la reforma tributaria. El proyecto buscaba, entre otros puntos, establecer un régimen impositivo dirigido a los grandes patrimonios, los llamados “superricos”. La iniciativa ni siquiera logró avanzar en la Cámara de Diputados. No obstante, posteriormente el gobierno ingresó de manera segregada varios de los proyectos que componían dicha reforma. Entre ellos destaca el royalty minero, que hoy recauda cerca de 450 millones de dólares al año destinados al financiamiento de las municipalidades del país.
Las turbulencias del gobierno fueron evidentes y la estrategia comunicacional de la oposición comenzó a golpear con fuerza. El relato dominante se instaló en torno a la inseguridad, la migración descontrolada, el terrorismo en la Región de La Araucanía y la expansión del crimen organizado. En definitiva, para la oposición Chile se había transformado en un caos. El “oasis” que alguna vez describió Sebastián Piñera parecía definitivamente desaparecido.
Desde mañana comenzaremos a observar cuál será la estrategia de la derecha para cambiar el rumbo del país que según su propio diagnóstico se encuentra al borde del colapso. Ese Chile tormentoso y caótico que se ha descrito durante años: el Chile donde, según advertían algunos, podían quitarte los ahorros de la AFP, tu segunda vivienda, tu libertad e incluso la democracia.
El gobierno de Gabriel Boric cometió errores políticos y chocó muchas veces contra los muros del poder legislativo. Pero también tuvo aciertos que podrían ofrecer a su sector una oportunidad de recomposición política, especialmente cuando el nuevo gobierno enfrente la inevitable prueba de la realidad.
Sin comunistas en el poder, surge entonces una pregunta inevitable: ¿cuál será ahora la narrativa de la derecha? ¿Quiénes serán los nuevos protagonistas de la retórica del miedo?. Porque ese discurso de caos permanente puede transformarse rápidamente en un problema para quienes deberán gobernar y responder por sus promesas. Y también podría convertirse en una poderosa arma política para quienes, desde posiciones aún más radicales, se ubican a la derecha de José Antonio Kast esperando su oportunidad de poder.
Lo cierto es que mañana cae el miedo. Y con él, se abre una nueva etapa de la política chilena; una donde la paz democrática se levanta sobre la derrota de un relato que, durante años, buscó gobernar instalando en nuestra sociedad el temor y la incertidumbre.
Resulta imposible e incoherente pedir solidaridad, respeto, entendimiento y acuerdos políticos cuando se ha actuado de forma egoísta e intransigente para obtener el poder.
Por: Carlos Subiabre Ruiz