LOS DESPOJOS DEL MILODON
Este gripotherium fue descubierto por los ganaderos natalinos Hermann Eberhard y Ernesto Von Heinz en 1896. la cueva mundialmente famosa tiene 170 metros de ancho, 270 de largo y una altura de 40 metros.
En “Ultima Esperanza en el tiempo” Mateo Martinic dice: “(…) lo extraido por Milward y Konrad, además de lo encontrado por Otto Nordenskjold, no fueron los únicos restos del milodón que conoció el mundo científico. Cada uno de los especialistas que trabajaron durante los años siguientes a 1896, extrajo su cuota o pequeña de huesos…”
En Inglaterra creían que Charley Milward, industrial puntarenense, había descubierto un enorme animal antediluviano, un brontosaurio, réptil fósil del jurásico que media 18 metros de largo. El animal hallado por ese marino -pensaban los ingleses- estaba incrustado en un gran glacial sobresaliendo a la superficie sólo una parte pequeña. Se decía que Milward, ayudado por una cuadrilla de operarios, había recuperado, armado, salado y embalado en gran cantidad de barricas el cuerpo destazado de esa bestia remota, y que la estaría enviando al Museo de Historia Natural de South Kensington. Pero la verdad era otra.
Efectivamente, el marino e industrial magallanico había remitido pequeñas muestras de piel y huesos en un par de cubos, y durante el viaje, mientras el buque pasaba por el trópico, el cuero se descompuso y sólo habría llegado a destino su masa putrefacta y algún resto de osamenta.
Según Bruce Chatwin, escritor pariente, que había viajado por Patagonia, lo hallado por Eberhard y Heinz consistía en una calavera y un trozo de piel que tenía dos pies de ancho y 4 de largo, con un lado lleno de pelos muy duro, incrustaciones de sal y gran cantidad de osecillos adheridos.
También menciona que el doctor sueco Otto Norsdenkjold había enviado una muestra al Museo de Upsala, y que el doctor Francisco Moreno y el geólogo Rodolfo Hautal hicieron lo propio con algunos restos remitidos al Museo de la Plata.
La prueba de Milward y el ovejero Alberto Konrad fue enviada a Inglaterra en simple transacción, y por muchos años se tenía la convicción aquí, en Magallanes, que el milodón entero estaba en el Reino Unido, lo que causaba cierto enojo porque se estimaba que la muestra debió permanecer en la cueva, incluso restaurada, como el símbolo histórico, científico y turístico que era. Nada mas razonable, aunque lo hallado sólo correspondía a unos trozos del pellejo y alguna osamenta.
Cuando pensamos en este perezoso de 5 metros de largo por 2 de alto, nos vienen a la memoria varios cuentos inventados o reales, de lo sucedido con el milenario animal; pero ninguno supera la excelente narrativa de Osvaldo Wegmann, “El cementerio de los milodones”, título de sus últimos libros. Ahí la imaginación del autor logra una magia de proximidad real y el relato transcurre o más bien se desliza como las aguas de un verano cristalino. Es un bello cuento, muy ameno.
SILVESTRE FUGELLIE M.
La Prensa Austral, 9 de octubre de 1996.
*Recopilado por JDB