• 14 de septiembre de 2026

¿Una mejor gestión para una mejor pensión?

 ¿Una mejor gestión para una mejor pensión?
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José Navarrete Oyarce

Director del Magíster en Tributación

Universidad Andrés Bello

Recientemente, la Superintendencia de Pensiones publicó el régimen definitivo de inversión que da vida a los fondos generacionales, el cambio más profundo al sistema de multifondos desde que este se creó hace más de dos décadas. En abril de 2027 los actuales cinco fondos, del A al E, desaparecerán y cada afiliado quedará asignado a uno de diez fondos según su año de nacimiento, con una trayectoria de riesgo que se reduce automáticamente a medida que la persona envejece.

El cambio tiene mérito técnico. Hoy una persona de treinta años y otra de sesenta pueden estar en el mismo multifondo pese a tener horizontes de inversión completamente distintos, lo que expone a los más cercanos a jubilar a caídas de mercado que no alcanzan a recuperar. El esquema de ciclo de vida corrige esa distorsión de manera automática, sin que el afiliado deba cambiarse de fondo cada cierto tiempo, algo que la evidencia muestra que la mayoría no hace bien ni a tiempo. También se ordenan los incentivos de las administradoras, que ahora podrán ganar o deberán aportar recursos propios según el desempeño de cada fondo frente a su cartera de referencia.

Sin embargo, todo este ajuste opera sobre la forma en que se invierte el ahorro, no sobre cuánto ahorro efectivamente entra al sistema. Y ahí está el problema de fondo. La reforma previsional elevará la cotización del empleador desde 1,5% hasta 8,5% de manera gradual en la próxima década, lo que dejará a Chile levemente sobre el promedio de cotización obligatoria de la OCDE, cercano a 18%. Es un avance real, pero toma años en completarse y no corrige la baja densidad de cotizaciones que arrastra el sistema, producto de la informalidad laboral y las carreras intermitentes, especialmente entre las mujeres.

A eso se suma un factor que ningún rediseño de inversiones puede tocar, el nivel de los sueldos. Cotizar 18% sobre una remuneración baja sigue produciendo una pensión baja, por más eficiente que sea la gestión de esos recursos. Los fondos generacionales pueden mejorar la rentabilidad esperada en algunos puntos porcentuales a lo largo de la vida laboral, pero ese efecto se diluye rápido frente a una base de cálculo insuficiente. El propio diagnóstico que motivó la reforma reconocía tasas de reemplazo muy por debajo del estándar OCDE, y esa brecha se explica sobre todo por ingresos y densidad, no por la arquitectura de los fondos.

El nuevo esquema también da más libertad a las AFP para invertir en activos alternativos y diferenciar sus carteras, con la promesa de mejores retornos de largo plazo. Eso puede ayudar en el margen, pero conviene no perder de vista que se está optimizando la rentabilidad de aportes que, para buena parte de los trabajadores chilenos, no alcanzan el volumen necesario para financiar una jubilación adecuada.

En mi opinión, celebrar los fondos generacionales como si fueran la solución al problema de las pensiones es confundir el vehículo con el destino. Es una mejora de ingeniería financiera que reduce riesgos y ordena incentivos, y en esa dimensión está bien diseñada. Pero mientras el mercado laboral siga generando empleos precarios, sueldos bajos y trayectorias de cotización interrumpidas, ninguna reforma al régimen de inversión va a devolver pensiones dignas. El próximo debate previsional debería centrarse ahí, en el empleo y los salarios, y no en seguir administrando con más precisión un ahorro que sigue siendo insuficiente.

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