• 20 de octubre de 2026

900 toneladas de pérdida: la salmonicultura frente a El Niño

 900 toneladas de pérdida: la salmonicultura frente a El Niño
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Pablo Salgado

Medicina Veterinaria

Universidad Andrés Bello

Más de 900 toneladas de salmones se perdieron recientemente en centros de cultivo de Magallanes a causa de una floración de algas nocivas (FAN), fenómeno que se acelera y acrecienta por el cambio climático. Según Sernapesca, se activaron planes de contingencia, se realizaron fiscalizaciones y se autorizó una cosecha anticipada para reducir el impacto. Fue una respuesta oportuna y coordinada, pero también una señal de alerta sobre lo que podría venir.

Porque las proyecciones de El Niño 2026-2027 indican que sus efectos podrían intensificarse durante el verano y otoño de 2027. Los cambios en la temperatura del mar, en la circulación oceánica y en la disponibilidad de nutrientes pueden favorecer la proliferación de ciertas microalgas. Los efectos varían según las condiciones locales y no permiten predecir con certeza dónde ni cuándo ocurrirá una FAN. Esa incertidumbre es, precisamente, la razón para reforzar el monitoreo y la planificación.

Chile ya fue testigo de lo que está en juego. En 2016, en el sur del país, coincidieron floraciones que provocaron mortalidades de salmones con microalgas tóxicas para el consumo humano, obligando también a restringir la extracción de mariscos. La crisis fue mucho más allá de la acuicultura y la pesca: golpeó a comunidades costeras y economías locales. Fue una lección sobre la complejidad de la interacción entre las condiciones oceanográficas, los organismos involucrados y las actividades humanas.

La diferencia es que hoy sabemos más. Centros como INCAR desarrollan herramientas para identificar áreas de exposición y sensibilidad, información valiosa para orientar decisiones productivas. La ciencia ya aportó parte de las respuestas; falta que estas lleguen a la toma de decisiones. El desafío es convertir ese conocimiento en acciones concretas: fortalecer el monitoreo oceanográfico y del fitoplancton, mejorar las alertas tempranas, compartir información e incorporar escenarios ambientales en la planificación productiva y de las biomasas por área.

Nada de esto funciona sin coordinación. La salmonicultura comparte ecosistemas con la mitilicultura, la pesca artesanal y comunidades cuyo sustento depende del mar. Por eso, los protocolos de contingencia deben perfeccionarse y la colaboración entre empresas, autoridades e investigadores debe reforzarse, considerando las particularidades de cada territorio.

El Niño no puede evitarse, pero sí podemos llegar mejor preparados. Con la experiencia acumulada, la investigación científica y la coordinación público-privada, existe la oportunidad de pasar de reaccionar ante las emergencias a prevenirlas y adaptarse a ellas. Anticiparse no elimina el riesgo, pero lo vuelve mucho más manejable.

El desafío de la salmonicultura chilena es transformar la evidencia científica en decisiones que permitan anticipar riesgos, proteger la producción y fortalecer la resiliencia de la actividad y de los territorios donde se desarrolla.

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