LA MEMORIA Y LA REDENCION
Los que habitamos esta Patagonia nuestra, tenemos dos grandes deudas con este suelo; la memoria y la redención, es lo que nos ha venido manifestando Pavel Oyarzún, a través de toda su obra poética; desde la aparición de «La Cacería» (1989) hasta «La jauría desquiciada» (1992).
Esta poesía generada en el instinto, según declaraciones del propio poeta, no es miel sobre hojuelas, está marcada por los signos de la violencia, la muerte y el aniquilamiento a que se vio sometido nuestro continente, y especialmente el cono austral de América.
En «La Cacería», el poeta intenta reconstruir la mirada y los orígenes del hombre primigenio, sin embargo: «sabido es que bastaron unas cuantas décadas para que no quedara nadie en pie. El chasquido de las balas rompió el silencio secular de la Patagonia». (p 53). El holocausto se ejecutó con la precisión de las balas de fusil. Las razas originarias fueron totalmente exterminadas, y sus raíces y sus orígenes pasaron a formar parte de los museos, pero desde el fondo de su silencio, de lo estático, de lo que tiene de fotografía, la pluma de Oyarzún va recuperando parte de nuestra memoria: «El instinto era la patria/ La lluvia caída sobre su origen/ El mundo tenía rincones intactos/ La vida no corría peligros». (p 15)
Y sin embargo, «En el bosque hay una fiera agazapada» (p 25), que sin duda jaló el gatillo del exterminio. No quedó nadie en las enormes y desoladas pampas de la Patagonia, entonces se levanta la voz del poeta, para denunciar la imposición de la geografía del silencio y del olvido: «Aquí la muerte fue más fuerte que una profesía moderna/ y detrás de las leyes de la plusvalía/ y de los fusiles/ quedaron los asesinados sin volver al mundo» (p 85).
Nada más doloroso, que la pérdida de nuestros misterios, que el extravío de nuestros dioses, que sufrir el exilio de nuestro propio suelo. Eso tiene de horroroso nuestra historia y a pesar de que «El gran olvido y el viento son el epitafio». (p 73) rescata para nosotros a aquellos «dioses húmedos» (los aborígenes de nuestra tierra) que se internan para siempre en nuestro propio instinto.
En 1991, aparece «Impronta» antología de cuatro autores que conforman el Colectivo de Escritores Esperanto, y por donde la poesía de Pavel Oyarzun transita por los mismos caminos del dolor y el exilio interior: «Antes de este mundo/ La mirada humana no tenía término Su existencia tenía la dimensión de los misterios/ La Patagonia/ Era/ Infinita», (p. 22). Aquí ya no existe la aceptación resignada, desde su trinchera poética nos advierte: «En ocasiones la poesía es un acto reflejo/ Que mata en defensa propia». (p 10).
En revista «Impactos» N°48 en el artículo «El sur del sur y la cultura del olvido» el poeta apuntó: «Nuestro arte y nuestro oficio de creadores si no luchan por la reconstrucción de la memoria colectiva, por la preservación de la aventura de un vivir sensitivo y mágico, lisa y llanamente, no tienen razón de existir. Pierden su esencia».
Consecuente con sus planteamientos en «La jauría desquiciada» se hace una radiografía a la alienación de la vida moderna: «Más allá de sus contornos luminosos…/ La ciudad tiene comarcas infames:/ donde el olvido se revuelca todo el nombre/ (p. 42). tiempo y la desolación no tiene
Denuncia la política de la usurpación y el despojo, por parte de los nuevos poderes imperantes: «Está escrito que habrán más y más detonaciones./ Más y más acero entrando/ en la carne blanda./ Y más ruido de motores impactando floresta adentro./ Y más fotografías aéreas y rincones/ descubiertos a la tormenta eléctrica./ (p 25)
Ya lo dijimos, no es fácil esta poesía de la pupila dilatada, poesía que permanece atenta, para recuperar nuestra memoria y de esta manera redimir la historia de esta tierra a la que pertenecemos: «Habrá un día/ en el que la gran redención será cumplida:/ ilustres muertos abrirán las memorias./ Y donde hubo oscuridad,/ se hará la luz y el milagro./ (p 69)
La poesía de Oyarzun surge implacable, desde la plenitud de este sur, para arrojar los olvidos, recuperar nuestra memoria y dar la bienvenida a la poesía del futuro.
JORGE DÍAZ BUSTAMANTE
Revista Impactos- NRO 54-2 Abril 1994.