• 3 de junio de 2026

ABELARDO GOMEZ PIZARRO

 ABELARDO GOMEZ PIZARRO
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El 1° de septiembre de 2017 se cerró un importante ciclo en la vida de la comunidad natalina, cuando se produjo el traslado a las nuevas dependencias al flamante hospital ubicado en Avenida España. Al cerrarse las puertas del antiguo establecimiento, dejamos atrás muchas historias que relataban la presencia de personas que habían servido a la comunidad entregando lo mejor de sí desde sus distintos puestos de trabajo.

Uno de ellos fue Abelardo Gómez Pizarro, el conocido “Guarro”: amigo de los amigos, un personaje múltiple, podía ser portero, auxiliar de servicio, desempeñarse en las más precarias condiciones que tenía la morgue de ese establecimiento, sin protestar y siempre dispuesto a asumir las funciones que le asignaran, todo ello con el máximo celo profesional, lo que algunas veces le acarreaba más de un disgusto con los usuarios del establecimiento.

Voluntarioso como ninguno, con la sonrisa a flor de labios, siempre listo para contar una anécdota llena de picardía, que te sorprendía con un final inesperado, que las más de las veces te hacían estallar en risas y celebrar esas ocurrencias que, no sabías si pertenecían a su exaltada imaginación o a la simple y llana realidad.

Tuvimos la ocasión de compartir unos asados y tertulias que organizaban los compañeros del hospital y cuando quedaba el círculo más íntimo, sacaba a relucir toda la agudeza de su ingenio. De los resquicios de la memoria entonaba algunas antiguas canciones, una milonga que en el paso del tiempo había modificado algunos versos pero que decía más o menos así: “Sacáte el rouge de los labios/ que no me marque tu sendo… también recuerdo que entonaba una cueca, que relataba el combate naval de Iquique y mencionaba el heroísmo de Arturo Prat. No he vuelto a escuchar esa cueca, su interpretación sólo pertenece a la voz de “guarro”.

Como esos personajes de la picaresca española, relataba sus historias donde el personaje central era él mismo, que sufría toda clase de vicisitudes, la narración incluía giros idiomáticos, proverbios antiguos, todo en el límite de la desvergüenza y la sorpresa. Uno de sus dichos favoritos y que hemos adoptado sin ningún tapujo es: “No es ningún chicharrón de gato”.

Podemos decir que “Guarro” era un hombre de palabra, cumplidor cómo él solo. En muchas oportunidades nos apoyó en actividades laborales, fue un fiel defensor de los derechos de los trabajadores, participó activamente en las movilizaciones de la FENATS, animando con su carácter alegre a todos sus compañeros de la salud.

Una cruel enfermedad lo mantuvo en silencio. Por estos días hemos tenido noticias de que abandonó este perro mundo. Es bueno saber que se liberará de aquellas cadenas, que encontrará nuevos horizontes abiertos para contar esas historias llenas de picardía.

 

DIAZ-BUSTAMANTE, AGOSTO 2025.

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