• 5 de julio de 2022
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El 26 de febrero de 1984 Augusto Pinochet lideraba una ceremonia oficial en la Plaza de Armas de Punta Arenas, y tuvo que escuchar cómo decenas de personas reunidas en la Catedral le gritaron a viva voz: «¡Asesino!» y «¡El pueblo unido jamás será vencido». La protesta motivó la indignación del dictador y la reacción policial, lo que obligó a los manifestantes a permanecer refugiados durante horas en el templo. El régimen culpó a la Iglesia católica como organizadora e incitadora de la protesta.

Texto: Cooperativa.cl

Fuente Youtube: van ppa

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